jueves, 26 de enero de 2017

Atarse los machos

Foto: Guillermo Legaria/AFP

No me considero especialmente pesimista, al contrario, tiendo a ver la botella siempre medio llena. 
Pero  creo que vivo cercano a la realidad, y observo…

Y lo que veo desde hace un tiempo en cuanto a lo que rodea a esta afición no me gusta. “No me gusta como caza la perrita”.

La hostilidad hacia los toros es cada día más evidente. Promovida desde donde sea (lobbies animalistas, partidos políticos, antisistemas, ecolojetas, ecolopijos, y demás fauna antitaurina) y amparada en claroscuros intereses, la caza del aficionado está servida.
La falta de respuesta de quien debería actuar con contundencia para diferenciar el terrorismo de la legítima protesta, salvo contadas excepciones, hace el resto.

El punto de inflexión será el primer altercado grave con resultados “traumáticos” que, visto el cariz que está tomando el asunto, tarde o temprano caerá. Ojalá me equivoque.
Y en este clima “prebélico”, me ha llamado mucho la atención el relato de Juan Carlos Muñoz-Collazos en su blog "Toros, literatura y más" en el que narra desde dentro, de forma sencilla y directa,  la vuelta de los toros a Bogotá

Durante la corrida, oíamos estruendos explosivos. Luego supimos que eran las “papas bomba” (típicas de las protestas universitarias en la Distrital, la Pedagógica y la Nacional), así como a las “bombas” lacrimógenas del ESMAD. Cuando terminó la corrida, un oficial de la policía advirtió a los aficionados por altavoz que debíamos salir por la Cra. 7ª quienes no tuviéramos transporte particular, y por la Cra. 5ª quienes hubieran llevado sus automóviles. Salimos por la 7ª.
Y allí comenzó el miedo. Al llegar al Centro Internacional, vimos un desfile de motos policiales llevando escuadrones del ESMAD para contener la violencia de los antitaurinos. Tuvimos que correr hacia el sur, pues se decía que desde el norte venían los defensores de la vida animal (¡!¡!) para agredirnos. Después, bajamos a la Cra. 13 en busca de transporte...

Aquí el relato completo

Vamos tomando nota?

jueves, 17 de noviembre de 2016

Sobre los toros "de antes"


Interesante pasaje del libro “Diano”, obra de D. Luis Fernández Salcedo en el que desgrana la vida y descendencia del famoso semental procedente de Ibarra, raceador de la cruza que emprendió D. Luis Gutiérrez, tío y padrino del autor, en la ganadería colmenareña de D. Vicente Martínez, a la sazón, bisabuelo del ganadero…que no llegó a serlo, como él mismo se denominaba.

Ingeniero agrónomo, prolífico escritor, aficionado y erudito taurino, hace un análisis muy conciso de la evolución del tamaño del toro y su comportamiento en la suerte de varas. Para situarnos, tengamos en cuenta que el libro lo escribió en torno a 1956…

“Un ganadero, fallecido hace muchos años, me decía: “Cuando crecen los toreros menguan los toros, y a la recíproca. En tiempos de Guerrita, bien por atender a sus exigencias o por brindarle ese favor, los ganaderos achicaron al toro que estaba vigente en los tiempos de Lagartijo y Frascuelo. Apenas se retiró el Califa de Córdoba, como si hubiese desaparecido la presión ejercida, los toros recuperaron con creces el volumen anterior, hasta el punto de que nunca fueron tan grandes como en la época de Bombita y Machaquito”.

Habrá que entender que ese “nunca”  se refería a la época en que dicho ganadero estuvo viendo toros, que bien pudo ser de 1880 a 1950. Pero si aceptamos su afirmación de que nunca fueron los toros tan grandes, tenemos que declarar también que quizá nunca fueron tan mansos como en los citados años esplendorosos del sevillano y el cordobés.

La personalidad artística de  toreros de la clase de LagartijoGuerrita, y algunos otros de menor cuantía, había dejado en la Fiesta una estela de estilo, valga el modesto juego de palabras. Al propio tiempo se acentuaba ya la decadencia de la suerte de varas y de la estocada, que monopolizaron antaño la atención del espectador.

El público, bien aleccionado por una crítica sana y competentísima, quería ver torear, y lo cierto es que, en la inmensa mayoría de las veces, la voluntad de los diestros de entonces se estrellaba contra la falta de colaboración de la mayoría de los toros.
Porque, en efecto, para una faena de media docena de pases, con el único designio de cuadrar al bicho, a fin de propinarle una grandiosa estocada, cualquier toro valía. Ahora bien, cuando se trata de buscar un lucimiento legítimo con el capote y la muleta, era imposible alcanzar con aquellos bichos que escarbaban incesantemente,  como si cavasen su propia sepultura; que se aculaban a las tablas, en plan puramente defensivo;  que tiraban coces o desarmaban en todos los lances… ¿Dónde habían ido a parar aquellos animales bravísimos, que tomaban hasta cincuenta puyazos, y doce corrientemente?

No lo sabemos, pero sospechamos que el quid estaba en otro modo de apreciar las cosas. Aunque la puya fuese antes de mucho menor castigo, se comprende que, para que un toro llegase a tomar una docena de varas, estas no podrían tener la consideración, en su mayoría, de puyazos de castigo, si no de meros refilonazos, bien porque el toro se saliese suelto, porque, contrariamente, derribase con estrépito, o porque el picador, con su magnífica destreza y su fuerza hercúlea, le despidiera por delante del caballo, haciendo que éste sesgase su posición, o sea como hoy se practica en las tientas.

Por cierto que se atribuye a Guerrita la primera orden a los picadores para que dejasen al toro cornear en el caballo, a fin de, en tanto, poderle castigar en forma. Si esto es así, tenemos que consignar nuestra impresión desfavorable hacia el cordobés, por el mal efecto que esto supone, creando un funesto precedente para el caballo…y para el toro. Insistimos en que picando (no ya como hoy, sino como  se practicaba la suerte a principios de siglo), un toro no podía aguantar tantos puyazos como nos dicen. Todavía conservamos en casa un trozo de pica, de más de medio metro, magníficamente pintado de rojo, que se sacó en el desolladero de una plaza de provincias a uno de los primeros hijos del Diano.

Luis Fernández Salcedo

viernes, 16 de septiembre de 2016

Guadalajara. Segundo encierro (Torrehandilla-Torreherberos)



A las 8 de la mañana se ha corrido el segundo encierro de la Feria de Guadalajara con los toros de Torrehandilla-Torreherberos, y un remiendo de José Vázquez, que esta tarde lidiarán Sebastián Castella,  Miguel Ángel Perera, e Iván Fandiño.

Los toros han corrido muy separados, llegando a la plaza uno destacado, luego otros dos y los tres restantes con los bueyes.
Ha habido al menos un herido con una cornada en el muslo en la zona de Santo Domingo.

Quedan dos buenas oportunidades, mañana sábado (Bañuelos),  y el domingo (Luis Terrón para rejones) para vivir en directo el tercer y cuarto encierro en la capital alcarreña, después de Pamplona la única capital de provincia en la que se corren encierros por sus calles.

Buenas carreras, buenos corredores y muchos habituales de los sanfermines de Pamplona.

Más de uno se llevaría una sorpresa al comprobar la buena organización y el ambiente que se vive aquí, tan cerca de la capital, y en la provincia en la que más festejos se celebran en España.

Y si no queda el recurso de verlo por televisión de Castilla La Mancha, que los retransmite en directo, también a través de la web.


A pesar de la escasa luz que hay a esas horas, ahí van algunas fotos. 


Las 7,55 calle Capitán Arenas











Escoba...

Puesto de mando de la Tele
Con retransmisión "in situ"

Hay que reconocer y agradecer el importante trabajo de la televisión de Castilla-La Mancha (Ahora "Castilla-La Mancha Media")
Y después vacas...


...Y toros...




domingo, 11 de septiembre de 2016

Collado Mediano. Feria 2016. Resumen en fotos (y II)

76 Barbarosillo  La Ventana del Puerto

El sábado 27 volvían los “Escolares” a Collado Mediano con una novillada muy seria de presentación, aunque algo desigual, con un novillo extraordinario como el lidiado en quinto lugar por Colombo (10 Cazador), al que se concedió la vuelta al ruedo, otros dos de muy buena nota (2º y 3º), y el resto complicados pero con mucho que torear, sobre todo el lidiado en sexto lugar por Pablo Mora (27 Contento),  un toro que hubiera hecho sudar a muchas figuras.




   




Juan Miguel tuvo el lote con menos posibilidades y prácticamente pasó desapercibido. Desconfiado y superado por las dificultades que plantearon  los dos novillos que sorteó. 

     







Con el mejor lote del encierro estuvo muy bien el venezolano J. Enrique Colombo, llamando con fuerza a lo alto del escalafón y demostrando ambición, disposición, clase y maneras. Apunta muy alto
En su sitio con el capote, espectacular y eficaz en banderillas y rotundo con la muleta ante dos novillos encastados, sobre todo el segundo de su lote (premiado con vuelta al ruedo), un novillo exigente, bravo y con las complicaciones propias de los  Escolares. Sin duda uno de los dos novillos de la Feria.
Aunque no haya conseguido el mayor número de trofeos, para mi Colombo ha sido el triunfador de la Feria por méritos propios ante las dificultades que le plantearon los cárdenos.

   











Pablo Mora se encontró con el lote más complicado, con muchas teclas que tocar como se dice ahora, que evidenciaron su falta de rodaje.
Poca experiencia con caballos para enfrentarse a los dos prendas que le tocaron en suerte, especialmente el que cerraba la tarde, un novillo muy exigente que se orientó nada más salir de chiqueros y que se las hizo pasar canutas al novillero, que escuchó dos avisos.
En su descargo hay que decir que me hubiera gustado ver a muchos figuras del escalafón de matadores sudando la gota gorda con el lote que sorteó Pablo Mora, por lo que hay que agradecer y valorar la disposición de enfrentarse a una novillada que la mayoría no quieren ver ni en pintura. Aunque sólo fuera por eso merece nuestro reconocimiento.
      





La novillada que cerraba la Feria, con cuatro utreros de La Ventana del Puerto y dos de Puerto de San Lorenzo (1º y 3º) , resultó en general encastada, noble, y con muy buena nota, destacando el excelente 76 "Barbarosillo", bizco del derecho, lidiado en segundo lugar por Pablo Aguado, premiado con la vuelta al ruedo y para el que se pidió el indulto.

Como asistí muy de cerca al polémico episodio del “indulto fallido”, creo que puedo al menos contar lo que sucedió.
Tras una faena de muleta sólida y de muchos pases basada en la incansable embestida de Barbarosillo,  y cuando Pablo Aguado se dirigió a coger la espada, sonó un tímido silbido en el tendido, después otro, y así un cierto ambiente de “no lo mates”, ante una cierta incredulidad de otro sector (entre los que me incluyo) circunstancia que aprovechó el novillero para seguir dando pases a diestro y siniestro.
Viendo que el novillo seguía embistiendo sin desfallecer, aumentaron los pitos y el ”no lo mates” hasta resultar verdaderamente mayoritaria la petición.

El presidente recordó a Aguado su obligación de entrar a matar, haciendo éste caso omiso, y aprovechando la mayoritaria petición, cogió una banderilla que mostró a la presidencia dispuesto a simular la suerte, a pesar de la orden contraria del Presidente avisado por el Delegado Gubernativo de que el novillo debía morir en el ruedo o en los corrales, o si no enfrentarse a una denuncia y posible fuerte sanción.
Con la mayoría del público en contra y en vista de la firme postura del Delegado, Aguado entró por fin a matar.

Que yo sepa, el Reglamento actual no prohíbe expresamente el indulto en plazas de tercera. Simplemente contempla el indulto en plazas de primera y segunda, obviando las de tercera. No es lo mismo prohibir que no contemplar, aunque pudiera parecerlo.
Si estoy equivocado, o si se me escapó algún detalle, por favor que alguien me corrija.

Todos conocemos casos de indultos en plazas de tercera y portátiles, yo mismo he sido testigo de al menos tres en los últimos tres años. Desconozco si en esos casos se exigieron responsabilidades a Presidencia, Delegado y Veterinarios.

Dicho esto, en mi opinión el novillo no era merecedor de indulto. 
La muerte de un toro bravo  (como lo fue Barbarosilloen el ruedo, es el fin más digo que pueda tener. El indulto debe ser una circunstancia verdaderamente excepcional  otorgada al toro que por trapío y comportamiento en los tres tercios de la lidia merezca ser empleado como semental para preservar y mejorar la pureza de su casta.

El de la Ventana del Puerto  fue un buen novillo, bravo, noble, que repetía en la muleta con codicia y mucho “motor” como se dice ahora, pero ni le vimos en varas ni resultó especialmente notable en banderillas.
Pero también es evidente que la sensibilidad del público sobre este aspecto está cambiando por lo que necesariamente deberá cambiar la reglamentación en el mismo sentido, y dejar a un lado esa ambigüedad actual.







Alejandro Marcos tiró de oficio y le puso ganas y algo más. No tuvo el mejor lote y aún así demostró que es de los que llegarán a poco que le acompañe la suerte. 
No parece un novillero de piñón fijo, sabe improvisar y adaptar la lidia a cada situación (una oreja en cada uno de su lote)








  



Pablo Aguado tuvo la suerte de encontrarse con  Barbarosillo, bravo, codicioso, y repetidor incansable. La faena estuvo marcada por la calidad del novillo (2 orejas). En el segundo de su lote no se acopló y anduvo más bien perdido.














Carlos Ochoa, triunfador de la Feria en cuanto a trofeos (2 orejas y 2 orejas) aprovechó las bondades de sus novillos con disposición y ganas aunque lógicamente le falta el oficio que dan las plazas. Brindó al cielo en memoria de su amigo Víctor Barrio, recordando esa imagen suya a hombros de Víctor en Las Ventas el año pasado.















Una novillada que mantuvo hasta el final el alto nivel de la Feria, que independientemente del resultado en trofeos, ha dejado un buen recuerdo en el aficionado.
Que no decaiga.