sábado, 17 de junio de 2017

Iván Fandiño


No hay palabras...
Valgan estas fotos de la Goyesca de Guadalajara -su otra tierra- hace apenas tres años.








Se te echará de menos
Descanse en Paz

lunes, 12 de junio de 2017

San Isidro 2017. Algunos apuntes (y II)



Quien sigue este blog ya debe conocer mi mala memoria. Hay tantas tardes en la piedra venteña que pasan fugazmente que es bueno mirar atrás, sólo un poco, para ver qué encontramos en los apuntes de esta Feria.
Y encuentro poco.
Tras las primeras notas de resumen, apuntamos lo de Enrique Ponce, tanto su maestría como su abuso del fueracacho

El día 31 apuntamos un buen toro de Victoriano del Río, “Cojito” lidiado en quinto lugar por López Simón.
Y ese mismo día un gran puyazo de Tito Sandoval, al menos un pequeño oasis entre el desastre que hemos visto tarde tras tarde en el ya casi extinto tercio de varas.

Y de la de Cuadri anotamos el toro protestado sonoramente por “el 7”, para mí de manera injusta.
En ese tendido, tanto como en otros, junto con grandes aficionados entendidos y cabales se camuflan acomodados algunos “arrimaos” que piensan que la protesta poco reflexiva, inmediata y sonora a todo lo que se mueva les proporciona categoría y respeto. Nada más lejos de la realidad. 
También apuntamos ese día buenos pares de Fernando Sánchez.

También anoté… ¿Que es la mansedumbre escastada? ¿Se puede ser manso y atesorar en sus genes lo que los entendidos llaman fondo de casta, como si de un fondo de armario se tratara?
Pues rotundamente si.
Bastó ver alguno de los ejemplares de los hermanos Lozano en la corrida de Alcurrucén, y como muestra valga el tercero, “Licenciado”, creo recordar, errático y más raro que un perro verde de salida, se vino arriba y propició el 90% de la salida a hombros de Juan del Álamo. Por cierto, nada que reprochar al triunfo del salmantino, faltaría más, pero tengo que reconocer que a mí no me emocionó.

A veces me siento algo perdido entre un público que valora de manera entusiasta algo que a mí no me “transmite” por decirlo de alguna manera. Cuando no coincides con el criterio de veinte mil personas, y sólo encuentras consuelo en ¿500?, ¿1000?, es evidente que el que debe estar equivocado es uno mismo. Lo contrario sería atribuir la equivocación al ochenta o noventa por ciento del personal, y eso, además de pretencioso, no suele ser cierto.

Apunté la disposición y entrega de Paco Ureña en la de Victorino. Interesante corrida de las de no comer muchas pipas. Dos-tres toros bravos y buena ración de casta en general. Para no andarse con tonterías.
Dos buenas series al natural de Talavante. Probablemente excesivo el premio de la oreja por esa estocada defectuosa, pero vistas las orejas que llevábamos, para mi resultó merecida.
Reseñable Pastelero, lidiado en tercer lugar por Ureña como ejemplo del toro que nos gusta, bravo, encastado, fiero, que no perdona una, y ante el que no se puede monear.

A destacar muy por encima del tono general de la Feria la corrida en conjunto de Rehuelga.
Como no suelo colgarme medallas, por colgarme una he de decir que para mí, de antemano, era una de las “tapadas” del serial.
Extraordinaria corrida la de Rehuelga, entendiendo la palabra en su sentido literal, como fuera de lo común ante tanta vulgaridad. Muy destacables 3º, 5º (liebre) y 6º, por encima de los de luces.
Aunque algo fuera de tipo por hechuras y sobre todo por peso -de otra manera difícilmente lidiaría en Las Ventas- la verdad es que fue una tarde excepcional, de las que sale uno con el ánimo reconfortado y feliz.

Y para finalizar, y como lo tengo más reciente, de la de Miura poco que decir. 
Ya se sabe que una mala tarde la tiene cualquiera. Verdaderamente decepcionante.

Pero hay tantos criaflojos y ganaduros que deberían hacer reverencias y descubrirse ante la sola mención del nombre de “Miura”, que por respeto a la historia no merece la pena comentar nada.
Y cuando se vuelva a anunciar en los carteles volveremos con la ilusión intacta.

El resultado en conjunto ha sido una feria más, en la que no se ha notado el cambio de empresa, al menos así lo he visto yo, si no fuera por una cierta reducción de peso que bien pudiera ser coyuntural, o tal vez indicio de una nueva tendencia.

Ah, y en que han cambiado la cocacola por la Pepsi.


sábado, 3 de junio de 2017

Las Ventas. Ponce tiene un autobús grande y Las Ventas una puerta pequeña


Enrique Ponce es un Maestro. 

Domina todos los terrenos, conocedor de la lidia hasta sus últimos rincones, sabe darle a cada toro la que le corresponde, practica un toreo amigable con el de negro, tiene la ilusión de un novillero sin caballos, o más, su toreo es reconocible sin ningún género de dudas, una composición estéticamente irreprochable que hipnotiza y emociona…

Podía seguir como en un bucle las loas al Maestro de Chiva…

Pero en mi opinión, hoy no debió salir a hombros por esa puerta grande de Las Ventas.

Esas dos estocadas más que defectuosas demuestran que uno más uno no siempre suman dos.

Ponce ha hecho los mismos planteamientos que tarde tras tarde hacían sonar las protestas en esta plaza, y que le llevaron a alejarse de Las Ventas. Ni más ni menos. Lo que años atrás fueron protestas hoy se han vuelto pañuelos.


Cuantas veces hemos hablado del autobús cargado de pañuelos tantas tardes aburridas de domingos venteños. Hoy lo que se ha demostrado, en opinión del aficionado que escribe esto, es que el autobús de Ponce es muy grande y la Puerta de Las Ventas muy pequeña.


De nuevo toreó Ponce fuera cacho, componiendo posturas pintureras mientras pasaba al toro por la periferia  (Joaquín Vidal, crónica 25 de julio de 2001, El País) 

lunes, 29 de mayo de 2017

San Isidro 2017. Lo que va de Feria



¿Quién me iba a decir a mí que aquella corrida del 11 de mayo, primera de la Feria del presente, iba a ser hasta ahora la que, en su conjunto, se acercara más a lo que creo que debe ser una corrida de toros?

Pues en efecto, la corrida de La Quinta, de la que salí con el gesto algo torcido, hasta ahora ha sido la más completa, en mi opinión, en lo que a ganado se refiere.

El gesto torcido de aquella tarde ha ido tornándose en mueca de “atontao”, que es la que se me debe quedar tarde si, tarde también, cuando enfilo calle Alcalá y “hasta mañana.”

Así, a bote pronto, en lo que me va quedando, que siendo poco es aún menos dada mi falta de memoria, está la faena vertical y templada de Ginés Marín, la disposición, buenas maneras y hambre de torear de J.E. Colombo, y  dos pares de banderillas de Ángel Otero.

Y chimpún.

Buscando más, UN toro de Alcurrucén, y  una sorprendentemente aceptable corrida de Núñez del Cuvillo, teniendo en cuenta las escasas esperanzas que tenía puestas en  aquella tarde.

No puedo hablar de la faena de Talavante en la de la Prensa porque Murphy impidió mi asistencia aquella tarde, y verla por la tele el día después no es lo mismo.

Y entre lo malo, descaste ganadero, invalidez, sosería, memez bovina, desconocimiento, abandono y muerte de la suerte de varas…y cáscaras de pipas, muchas.

Y ¿debo anotar en el haber un Juli menos dado al toreo de alcayata y un Castella más en su sitio? O a lo mejor simplemente es que con la edad me estoy volviendo raro, no se… 

domingo, 14 de mayo de 2017

El asesino de la andanada



Pablo baja a la calle todas las mañanas a echar unas migas de pan -para que se las coman los gorriones, pobrecillos.

En el pueblo siempre los llamaron pardales, o gurriatos, si eran pollos. Es lo que tiene el campo, que aprende uno a conocer a los animales.

Deja las migas en el alcorque de un arbolillo que malvive, descuidado, entre el humo y el cemento. Lo malo es que últimamente se las comen las jodías palomas. Hay por todas partes y lo ponen todo perdido.
Siempre hay algún mandao que le encarga Carmen, su pareja desde hace casi ya sesenta años que se hicieron novios en el pueblo. Que si el pan, que si los yogures, la comida de Mariano, su gato…en fin, siempre hay algo que hacer.
A Pablo le acompaña siempre ManoloManolillo-, el perrillo más listo que el hambre y que tanta compañía les hace, aunque no tanto como Mariano, que no se separa de Carmen en sus largas tardes de butaca y tele.

Desde que pasó lo de la cadera, Carmen apenas sale ya de casa y es Pablo el que pasa revista al barrio cada mañana y da de comer a los gorriones. El barrio al que hace tantos años que llegaron que ya ni se acuerda. Lo que si recuerda es que esto debían ser casi  las afueras de Madrid, un barrio auténtico y más bien pobre y ahora, fíjate tú, vivir en Ventas es casi un lujo. Hasta llegó a jugar alguna partidita de mus con fari –El Fari-, todo un personaje, mu buena gente.
También recuerda el día que tuvo que cambiar la borrica y el serón por el autobús que le llevaba cada mañana a la fábrica allá por Villaverde.
-Cógete a la Carmen y te vienes  a Madrid, que allí en el pueblo vas a ser un muerto de hambre toa la vida. 
El tío Santos estaba de encargao en una fábrica en Madrid, aunque Pablo nunca supo exactamente de que se encargaba…pero vamos, encargao era seguro porque todos le llamaban señor Santos.
El caso es que allí le consiguió un trabajo, y allí estuvo hasta que cerró y se tuvo que ir al paro.
Y la Carmen a asistir en una casa muy seria y respetable en el barrio de Salamanca, tan cerca y tan lejos entonces. Muy buena gente, de misa diaria la señora, y con mucha clase y dinero.

A Pablo ya le gustaban los toros porque en el pueblo siempre han sido muy de toros, pero vivir ahí tan cerquita de las Ventas, pues quieras que no te vas aficionando cada vez más. Pocas tardes de toros ha fallado Pablo desde que llegó al barrio. En tantos años ya casi ha dado la vuelta al ruedo, aunque ya no cree que se mude de su andanada del 10, donde aún se recuerdan, o se creen recordar, faenas inolvidables de Bienvenida, Dominguín, Antoñete, Paco Camino -su Paco Camino- El Viti, o hasta de Manolete cree recordar alguno.
-A todos estos pelagatos del clavel que se creen que saben tanto les vendría bien pasarse alguna tarde en la andanada con las orejas bien abiertas, a ver si aprenden algo de los que sabemos…

Tiene suerte, al menos él puede seguir conservando el abono, que hay algunos que no han tenido tanta suerte y merodean cada tarde por las puertas a ver si sobra alguna entrada, de gañote, que casi siempre hay alguna.
Ahora que Carmen está tan torpe ya no puede ir todos los días, pero siempre hay alguna vecina que echa la tarde con ella, o si no se acercan su chico o su chica, que la verdad es que se portan muy bien con ellos, son muy buenos hijos, la verdad. Toda la vida currando como animales para ellos al final tiene su recompensa.

Y sus nietos, sobre todo Lucía –La Luci- a la que quiere, se quieren, con locura. Lo malo es que le ha salido antitaurina, y de Podemos, le ha dicho la Mari. A él, que ha sido de Comisiones y del Pecé toda la vida,  que la Luci sea de Podemos no le parece muy mal, la verdad, aunque estos no tengan ni puta idea de la vida y sean tan cantamañanas y tan chulos, que nos van a acabar jodiendo esto de los toros sin tener  ni idea de lo que es esto y sin saber ni lo que es el campo ni los animales. Ni cavar un huerto saben.

A Pablo le gusta llegar pronto para evitarse la cola en el ascensor, que luego no veas la que se monta, sobre todo en Sanisidro. 
Esta tarde va un poco más apurado de tiempo, no quería irse de casa sin que llegara la Mari, así que no va a tener tiempo de echar un rato a la sombra de El Yiyo.

Al cruzar la calle ha escuchado unas voces que parecen gritos y ha visto mucha policía y unos papeles que salían volando por los aires.
Son unos chavales, casi unos niños, vigilados por un hombre alto, delgado, con cara de amargao, que parece llevar la batuta, vociferando a coro insultos y gilipolleces
¡¡¡asesino!!! ¡¡¡asesino!!! le grita una chica a quien no quiere mirar, apenas una niña, señalándole con el dedo y con la cara enrojecida de ira.
Pablo no quiere mirar atrás, no quiere reconocer esa voz, y tiene prisa por coger el ascensor.

No ha sentido miedo, pero aún le tiemblan un poco las manos cuando llega a la andanada, a su andanada del 10. 

sábado, 29 de abril de 2017

La tablilla, ¡Qué pesadilla!


Escuchaba ayer al maestro Esplá en la tele  (a veces retórico, a veces certero…) arremeter contra la tablilla tras la corrida de Garci-Gordo en la Maestranza. 

Tengo que reconocer que estoy totalmente de acuerdo con lo que argumentó.
La tablilla, o más concretamente el peso en la tablilla, es uno de los males que arrastra esto de los toros desde hace muchos años. Ya sé que esta opinión puede chocar con lo taurinamente correcto, pero es lo que este aprendiz de aficionado (yo) piensa. 


Yo no voy a los toros a comprar lorzas de carne magra al peso, es más, no me interesa el peso. Muchas tardes, en las alturas de la andanada, hemos jugado al entretenido juego de la tablilla.

Todos los jugadores, menos el que ejerce de juez–árbitro en la partida, evitan mirar a la tablilla y al programa de mano, de manera que en el primer minuto de la res en el ruedo deben aproximarse al peso anunciado en la tablilla pero sin pasarse…resultando ganador quien más se aproxime a la tablilla chivata.

“El no llegar da dolor, pues indica que mal tasas…mas ¡ay de ti si te pasas! ¡Si te pasas es peor! que diría Don Mendo.

El juez-árbitro, que como ya habrán adivinado es el único que conoce el dato, anuncia la cifra correcta y proclama al vencedor de la partida.

La búsqueda del trapío demandado hace algunas décadas se esconde detrás de la confusión que aún perdura entre el trapío y el peso, que poco, por no decir nada, tienen que ver. Resulta tan obvio que incluso molesta repetirlo una vez más. Una cosa es el trapío, fundamental e irrenunciable, y otra cosa muy distinta es el peso. Una cosa es un bovino de carne, y otra muy distinta debería ser un toro de lidia.

Existiendo un peso mínimo reglamentariamente establecido en función de la categoría de la plaza, en mi opinión carece de sentido la tablilla anunciadora del peso.
No sería la primera vez que he visto en plazas que carecen de báscula pasear una tablilla anunciando un peso, probablemente imaginado, o en el mejor de los casos  referido al momento previo al embarque.


Así que la tablilla, sin peso

domingo, 2 de abril de 2017

Guadalajara. Feria de Primavera, 1 y 2 de abril 2017



No hace muchos años, Guadalajara suponía un referente dentro de lo que podríamos llamar la segunda división taurina. Su cercanía a Madrid, la numerosa afición alcarreña, y sobre todo las crónicas del maestro Joaquín Vidal en las páginas de El País, hicieron que el Coso de las Cruces viviera años de esplendor.

Desaparecido el maestro Vidal, Las Cruces empezó  su carrera cuesta abajo hasta que la llegada de Campo Bravo Alcarreño y, sobre todo, la actual empresa UTE Coso de Las Cruces, parece que han encontrado el camino de retorno.

Ojo, que encontrar el camino no significa que sea el correcto, pero los síntomas apuntan bien.

Montar una mini-feria de Primavera en estas fechas y conseguir un éxito de taquilla, más o menos relativo, tiene un indudable mérito. Un punto a favor para Álvaro Polo y Compañía.

Ambientazo en los alrededores de la plaza el sábado, con actuaciones, chiringuitos, mercadillo, y mucha gente en la tradicionalmente tranquila (a veces demasiado) capital alcarreña.

Mucho aficionado Venteño,  mucho público joven en los tendidos, y ganas de empezar la temporada.

Y ahora viene lo malo. La novill…estooo (¿en qué estaría yo pensando??…) la corrida de José Luis Pereda-La Dehesilla resultó desigual, con cuatro toros anovillados por no decir abecerrados, dos que merecían llamarse toros, floja  y desrazada en general.

Paquirri  (a ver  Paquirri, ¿ no sería mejor anunciarse como Fran Rivera?) estuvo, que no es poco pero como si no hubiera venido.

Pelín oxidado, fueracacho, en su línea, de aquella manera, aunque, todo hay que decirlo, este aprendiz de aficionado le vio dar dos o tres naturales en su sitio que me hacen pensar que algo sabe de esto. Lo que no sé si es bueno o malo, porque si no sabes, vale, pero si sabes y no quieres…

Perera, estuvo, pero poco. Si hay que estar se está,…que estar pa ná…eso debió pensar el extremeño. Y nada más que reseñar.
Digamos que estuvo aseado…

Fandiño  (Ay Fandiño!) jugaba en casa con todo a favor  y le sacó al tercero lo que no tenía a base de raza, su raza de siempre. Y con el sexto (y el viento) se peleó dignamente hasta que esa misma raza le hizo fallar con la fría y echar por tierra la salida a hombros. Me da que se ha quitado de encima el cenizo de la encerrona Venteña. Esperamos verle.

Y el domingo la matinal.

Erales de Polo Sáiz, empresario, ganadero y aficionado.
Casi media entrada en las Cruces. Novilleros locales, buen tiempo, novillos encastados, con raza de bravos…

Qué gusto da ver tres novilleros “en novillero” con hambre, con ganas de ser toreros, que no perdonan un quite, que se la juegan, que van a por todas…y qué gusto da ver seis erales encastados, nobles, si, pero con bravura, y que se entregan con la inocencia propia de su corta edad. Mi sincera enhorabuena al ganadero.

Desigual presencia, con algún eral a punto de utrero, otros (el primero) añojo aventajado, a la postre el mejor, premiado con la vuelta al ruedo.
 
A los hambrientos novilleros les asisten cuadrillas curtidas (José Otero, Roberto Ortega, Diego Valladar…) que saben más que los ratones coloraos.

Novilleros de escuela, tanto del CITAR como de la escuela de Guadalajara, con sobrados conocimientos técnicos y sobre todo, como digo, muchas ganas de torear. En definitiva una matinal muy entretenida, interesante y que te hace pensar que hay futuro.

Víctor Hernández, de Los Santos de la Humosa, representa el novillero “de antes”, valiente, lejos del “figureo”, jugándosela en cada lance, con un repertorio sorprendentemente variado para su escaso oficio. Sorteó el mejor lote y obtuvo una merecida salida a hombros.

José Rojo, Trujillano hecho en Guadalajara, estuvo más cuajado, sin dejar de lado las ganas de triunfar. Salida a hombros también.

Y Álvaro Sánchez, de Cabanillas del Campo,  apunta muy alto. Que llegue no sólo dependerá de sus ganas, ya sabemos cómo funciona esto. Con el peor lote demostró  por qué la pasada temporada consiguió el triunfo en el Certamen Internacional de Escuelas Taurinas de Málaga.

Una oreja en su primero, que debieron ser dos, no le bastó para salir a hombros con sus compañeros de terna.
Excelente en banderillas, con un temple inusual en alguien tan escasamente placeado, muy buena mano izquierda,  brindó un quite al alimón con su compañero Víctor Hernández realmente espectacular.
En el sexto, la espada le privó de la segunda oreja que debió cortar en su primero. Quedan ganas de volverle a ver.

En definitiva, un buen fin de semana taurino en Guadalajara, mejor el domingo sin caballos que el sábado con las figuras.

Y una petición a la Empresa.
Visto que esto ha funcionado…¿qué tal una sin caballos, una picada y una corrida para el año que viene…?

Para terminar, unas fotos con el móvil 


Paquirri

Perera

Fandiño

Paseíllo matinal

Víctor Hernández

José Rojo
Álvaro Sánchez
 
´Víctor Hernández y Álvaro Sánchez al alimón

jueves, 9 de marzo de 2017

San Isidro 2017. El juego de las siete diferencias



Tengo que admitir que, como muchos otros (cándidos) aficionados, recibí con una cierta expectación no carente  de desconfianza el desembarco del productor Simón Casas en la gestión de Las Ventas.

A modo de un exótico encantador de serpientes, el empresario-productor nos iba engatusando con la musiquilla del cambio, el renacer, el éxtasis artístico y cultural, la reconquista del aficionado perdido, y bla, bla, bla.

Y uno, que es en el fondo un iluso pues de otra manera no se explica esta afición, se lo iba creyendo y ya se imaginaba al coro celestial abriendo el paseíllo de Las Ventas a ritmo de pasodoble, con los Arcángeles desfilando y todo el Olimpo de Dioses (y Diosas) presidido por el apuesto productor escoltado por bellas ninfas que,  cabalgando sobre nacarados corceles, inundaban de flores y olorosas  fragancias el ruedo venteño, vestido para la ocasión con las mejores galas.

Y ahora va y resulta que de eso nada de nada.

Ni ninfas, ni Dioses (ni Diosas), ni coro celestial…

La realidad nos devuelve  a Las Ventas.

A ver quién es el listo que en un ejercicio de agudeza visual es capaz de distinguir la programación de San Isidro 2017 de cualquiera de los carteles de años pasados. El juego de las ¿siete? diferencias.
Quitando el desplazamiento de la corrida de Beneficencia, que de novedoso tiene poco, y la corrida de la Cultura, o del Arte, o del Arte y la Cultura, tenemos lo de siempre. A lo mejor es que no hay más donde rascar y queremos algo imposible, que va a ser eso al final.

Por mucha presentación con canapé y gin tonic (a ratos, por lo que vi, en el límite de lo pelín hortera), al final nos han vendido un poco más de humo, y ajo, y agua.

Así que ya vamos pensando cuando tenemos que ir a renovar el abono, que para eso somos abonaos.

Y por si acaso no vaya a ser que al final viene el de Galapagar…

jueves, 26 de enero de 2017

Atarse los machos

Foto: Guillermo Legaria/AFP

No me considero especialmente pesimista, al contrario, tiendo a ver la botella siempre medio llena. 
Pero  creo que vivo cercano a la realidad, y observo…

Y lo que veo desde hace un tiempo en cuanto a lo que rodea a esta afición no me gusta. “No me gusta como caza la perrita”.

La hostilidad hacia los toros es cada día más evidente. Promovida desde donde sea (lobbies animalistas, partidos políticos, antisistemas, ecolojetas, ecolopijos, y demás fauna antitaurina) y amparada en claroscuros intereses, la caza del aficionado está servida.
La falta de respuesta de quien debería actuar con contundencia para diferenciar el terrorismo de la legítima protesta, salvo contadas excepciones, hace el resto.

El punto de inflexión será el primer altercado grave con resultados “traumáticos” que, visto el cariz que está tomando el asunto, tarde o temprano caerá. Ojalá me equivoque.
Y en este clima “prebélico”, me ha llamado mucho la atención el relato de Juan Carlos Muñoz-Collazos en su blog "Toros, literatura y más" en el que narra desde dentro, de forma sencilla y directa,  la vuelta de los toros a Bogotá

Durante la corrida, oíamos estruendos explosivos. Luego supimos que eran las “papas bomba” (típicas de las protestas universitarias en la Distrital, la Pedagógica y la Nacional), así como a las “bombas” lacrimógenas del ESMAD. Cuando terminó la corrida, un oficial de la policía advirtió a los aficionados por altavoz que debíamos salir por la Cra. 7ª quienes no tuviéramos transporte particular, y por la Cra. 5ª quienes hubieran llevado sus automóviles. Salimos por la 7ª.
Y allí comenzó el miedo. Al llegar al Centro Internacional, vimos un desfile de motos policiales llevando escuadrones del ESMAD para contener la violencia de los antitaurinos. Tuvimos que correr hacia el sur, pues se decía que desde el norte venían los defensores de la vida animal (¡!¡!) para agredirnos. Después, bajamos a la Cra. 13 en busca de transporte...

Aquí el relato completo

Vamos tomando nota?

jueves, 17 de noviembre de 2016

Sobre los toros "de antes"


Interesante pasaje del libro “Diano”, obra de D. Luis Fernández Salcedo en el que desgrana la vida y descendencia del famoso semental procedente de Ibarra, raceador de la cruza que emprendió D. Luis Gutiérrez, tío y padrino del autor, en la ganadería colmenareña de D. Vicente Martínez, a la sazón, bisabuelo del ganadero…que no llegó a serlo, como él mismo se denominaba.

Ingeniero agrónomo, prolífico escritor, aficionado y erudito taurino, hace un análisis muy conciso de la evolución del tamaño del toro y su comportamiento en la suerte de varas. Para situarnos, tengamos en cuenta que el libro lo escribió en torno a 1956…

“Un ganadero, fallecido hace muchos años, me decía: “Cuando crecen los toreros menguan los toros, y a la recíproca. En tiempos de Guerrita, bien por atender a sus exigencias o por brindarle ese favor, los ganaderos achicaron al toro que estaba vigente en los tiempos de Lagartijo y Frascuelo. Apenas se retiró el Califa de Córdoba, como si hubiese desaparecido la presión ejercida, los toros recuperaron con creces el volumen anterior, hasta el punto de que nunca fueron tan grandes como en la época de Bombita y Machaquito”.

Habrá que entender que ese “nunca”  se refería a la época en que dicho ganadero estuvo viendo toros, que bien pudo ser de 1880 a 1950. Pero si aceptamos su afirmación de que nunca fueron los toros tan grandes, tenemos que declarar también que quizá nunca fueron tan mansos como en los citados años esplendorosos del sevillano y el cordobés.

La personalidad artística de  toreros de la clase de LagartijoGuerrita, y algunos otros de menor cuantía, había dejado en la Fiesta una estela de estilo, valga el modesto juego de palabras. Al propio tiempo se acentuaba ya la decadencia de la suerte de varas y de la estocada, que monopolizaron antaño la atención del espectador.

El público, bien aleccionado por una crítica sana y competentísima, quería ver torear, y lo cierto es que, en la inmensa mayoría de las veces, la voluntad de los diestros de entonces se estrellaba contra la falta de colaboración de la mayoría de los toros.
Porque, en efecto, para una faena de media docena de pases, con el único designio de cuadrar al bicho, a fin de propinarle una grandiosa estocada, cualquier toro valía. Ahora bien, cuando se trata de buscar un lucimiento legítimo con el capote y la muleta, era imposible alcanzar con aquellos bichos que escarbaban incesantemente,  como si cavasen su propia sepultura; que se aculaban a las tablas, en plan puramente defensivo;  que tiraban coces o desarmaban en todos los lances… ¿Dónde habían ido a parar aquellos animales bravísimos, que tomaban hasta cincuenta puyazos, y doce corrientemente?

No lo sabemos, pero sospechamos que el quid estaba en otro modo de apreciar las cosas. Aunque la puya fuese antes de mucho menor castigo, se comprende que, para que un toro llegase a tomar una docena de varas, estas no podrían tener la consideración, en su mayoría, de puyazos de castigo, si no de meros refilonazos, bien porque el toro se saliese suelto, porque, contrariamente, derribase con estrépito, o porque el picador, con su magnífica destreza y su fuerza hercúlea, le despidiera por delante del caballo, haciendo que éste sesgase su posición, o sea como hoy se practica en las tientas.

Por cierto que se atribuye a Guerrita la primera orden a los picadores para que dejasen al toro cornear en el caballo, a fin de, en tanto, poderle castigar en forma. Si esto es así, tenemos que consignar nuestra impresión desfavorable hacia el cordobés, por el mal efecto que esto supone, creando un funesto precedente para el caballo…y para el toro. Insistimos en que picando (no ya como hoy, sino como  se practicaba la suerte a principios de siglo), un toro no podía aguantar tantos puyazos como nos dicen. Todavía conservamos en casa un trozo de pica, de más de medio metro, magníficamente pintado de rojo, que se sacó en el desolladero de una plaza de provincias a uno de los primeros hijos del Diano.

Luis Fernández Salcedo