sábado, 29 de abril de 2017

La tablilla, ¡Qué pesadilla!


Escuchaba ayer al maestro Esplá en la tele  (a veces retórico, a veces certero…) arremeter contra la tablilla tras la corrida de Garci-Gordo en la Maestranza. 

Tengo que reconocer que estoy totalmente de acuerdo con lo que argumentó.
La tablilla, o más concretamente el peso en la tablilla, es uno de los males que arrastra esto de los toros desde hace muchos años. Ya sé que esta opinión puede chocar con lo taurinamente correcto, pero es lo que este aprendiz de aficionado (yo) piensa. 


Yo no voy a los toros a comprar lorzas de carne magra al peso, es más, no me interesa el peso. Muchas tardes, en las alturas de la andanada, hemos jugado al entretenido juego de la tablilla.

Todos los jugadores, menos el que ejerce de juez–árbitro en la partida, evitan mirar a la tablilla y al programa de mano, de manera que en el primer minuto de la res en el ruedo deben aproximarse al peso anunciado en la tablilla pero sin pasarse…resultando ganador quien más se aproxime a la tablilla chivata.

“El no llegar da dolor, pues indica que mal tasas…mas ¡ay de ti si te pasas! ¡Si te pasas es peor! que diría Don Mendo.

El juez-árbitro, que como ya habrán adivinado es el único que conoce el dato, anuncia la cifra correcta y proclama al vencedor de la partida.

La búsqueda del trapío demandado hace algunas décadas se esconde detrás de la confusión que aún perdura entre el trapío y el peso, que poco, por no decir nada, tienen que ver. Resulta tan obvio que incluso molesta repetirlo una vez más. Una cosa es el trapío, fundamental e irrenunciable, y otra cosa muy distinta es el peso. Una cosa es un bovino de carne, y otra muy distinta debería ser un toro de lidia.

Existiendo un peso mínimo reglamentariamente establecido en función de la categoría de la plaza, en mi opinión carece de sentido la tablilla anunciadora del peso.
No sería la primera vez que he visto en plazas que carecen de báscula pasear una tablilla anunciando un peso, probablemente imaginado, o en el mejor de los casos  referido al momento previo al embarque.


Así que la tablilla, sin peso

domingo, 2 de abril de 2017

Guadalajara. Feria de Primavera, 1 y 2 de abril 2017



No hace muchos años, Guadalajara suponía un referente dentro de lo que podríamos llamar la segunda división taurina. Su cercanía a Madrid, la numerosa afición alcarreña, y sobre todo las crónicas del maestro Joaquín Vidal en las páginas de El País, hicieron que el Coso de las Cruces viviera años de esplendor.

Desaparecido el maestro Vidal, Las Cruces empezó  su carrera cuesta abajo hasta que la llegada de Campo Bravo Alcarreño y, sobre todo, la actual empresa UTE Coso de Las Cruces, parece que han encontrado el camino de retorno.

Ojo, que encontrar el camino no significa que sea el correcto, pero los síntomas apuntan bien.

Montar una mini-feria de Primavera en estas fechas y conseguir un éxito de taquilla, más o menos relativo, tiene un indudable mérito. Un punto a favor para Álvaro Polo y Compañía.

Ambientazo en los alrededores de la plaza el sábado, con actuaciones, chiringuitos, mercadillo, y mucha gente en la tradicionalmente tranquila (a veces demasiado) capital alcarreña.

Mucho aficionado Venteño,  mucho público joven en los tendidos, y ganas de empezar la temporada.

Y ahora viene lo malo. La novill…estooo (¿en qué estaría yo pensando??…) la corrida de José Luis Pereda-La Dehesilla resultó desigual, con cuatro toros anovillados por no decir abecerrados, dos que merecían llamarse toros, floja  y desrazada en general.

Paquirri  (a ver  Paquirri, ¿ no sería mejor anunciarse como Fran Rivera?) estuvo, que no es poco pero como si no hubiera venido.

Pelín oxidado, fueracacho, en su línea, de aquella manera, aunque, todo hay que decirlo, este aprendiz de aficionado le vio dar dos o tres naturales en su sitio que me hacen pensar que algo sabe de esto. Lo que no sé si es bueno o malo, porque si no sabes, vale, pero si sabes y no quieres…

Perera, estuvo, pero poco. Si hay que estar se está,…que estar pa ná…eso debió pensar el extremeño. Y nada más que reseñar.
Digamos que estuvo aseado…

Fandiño  (Ay Fandiño!) jugaba en casa con todo a favor  y le sacó al tercero lo que no tenía a base de raza, su raza de siempre. Y con el sexto (y el viento) se peleó dignamente hasta que esa misma raza le hizo fallar con la fría y echar por tierra la salida a hombros. Me da que se ha quitado de encima el cenizo de la encerrona Venteña. Esperamos verle.

Y el domingo la matinal.

Erales de Polo Sáiz, empresario, ganadero y aficionado.
Casi media entrada en las Cruces. Novilleros locales, buen tiempo, novillos encastados, con raza de bravos…

Qué gusto da ver tres novilleros “en novillero” con hambre, con ganas de ser toreros, que no perdonan un quite, que se la juegan, que van a por todas…y qué gusto da ver seis erales encastados, nobles, si, pero con bravura, y que se entregan con la inocencia propia de su corta edad. Mi sincera enhorabuena al ganadero.

Desigual presencia, con algún eral a punto de utrero, otros (el primero) añojo aventajado, a la postre el mejor, premiado con la vuelta al ruedo.
 
A los hambrientos novilleros les asisten cuadrillas curtidas (José Otero, Roberto Ortega, Diego Valladar…) que saben más que los ratones coloraos.

Novilleros de escuela, tanto del CITAR como de la escuela de Guadalajara, con sobrados conocimientos técnicos y sobre todo, como digo, muchas ganas de torear. En definitiva una matinal muy entretenida, interesante y que te hace pensar que hay futuro.

Víctor Hernández, de Los Santos de la Humosa, representa el novillero “de antes”, valiente, lejos del “figureo”, jugándosela en cada lance, con un repertorio sorprendentemente variado para su escaso oficio. Sorteó el mejor lote y obtuvo una merecida salida a hombros.

José Rojo, Trujillano hecho en Guadalajara, estuvo más cuajado, sin dejar de lado las ganas de triunfar. Salida a hombros también.

Y Álvaro Sánchez, de Cabanillas del Campo,  apunta muy alto. Que llegue no sólo dependerá de sus ganas, ya sabemos cómo funciona esto. Con el peor lote demostró  por qué la pasada temporada consiguió el triunfo en el Certamen Internacional de Escuelas Taurinas de Málaga.

Una oreja en su primero, que debieron ser dos, no le bastó para salir a hombros con sus compañeros de terna.
Excelente en banderillas, con un temple inusual en alguien tan escasamente placeado, muy buena mano izquierda,  brindó un quite al alimón con su compañero Víctor Hernández realmente espectacular.
En el sexto, la espada le privó de la segunda oreja que debió cortar en su primero. Quedan ganas de volverle a ver.

En definitiva, un buen fin de semana taurino en Guadalajara, mejor el domingo sin caballos que el sábado con las figuras.

Y una petición a la Empresa.
Visto que esto ha funcionado…¿qué tal una sin caballos, una picada y una corrida para el año que viene…?

Para terminar, unas fotos con el móvil 


Paquirri

Perera

Fandiño

Paseíllo matinal

Víctor Hernández

José Rojo
Álvaro Sánchez
 
´Víctor Hernández y Álvaro Sánchez al alimón

jueves, 9 de marzo de 2017

San Isidro 2017. El juego de las siete diferencias



Tengo que admitir que, como muchos otros (cándidos) aficionados, recibí con una cierta expectación no carente  de desconfianza el desembarco del productor Simón Casas en la gestión de Las Ventas.

A modo de un exótico encantador de serpientes, el empresario-productor nos iba engatusando con la musiquilla del cambio, el renacer, el éxtasis artístico y cultural, la reconquista del aficionado perdido, y bla, bla, bla.

Y uno, que es en el fondo un iluso pues de otra manera no se explica esta afición, se lo iba creyendo y ya se imaginaba al coro celestial abriendo el paseíllo de Las Ventas a ritmo de pasodoble, con los Arcángeles desfilando y todo el Olimpo de Dioses (y Diosas) presidido por el apuesto productor escoltado por bellas ninfas que,  cabalgando sobre nacarados corceles, inundaban de flores y olorosas  fragancias el ruedo venteño, vestido para la ocasión con las mejores galas.

Y ahora va y resulta que de eso nada de nada.

Ni ninfas, ni Dioses (ni Diosas), ni coro celestial…

La realidad nos devuelve  a Las Ventas.

A ver quién es el listo que en un ejercicio de agudeza visual es capaz de distinguir la programación de San Isidro 2017 de cualquiera de los carteles de años pasados. El juego de las ¿siete? diferencias.
Quitando el desplazamiento de la corrida de Beneficencia, que de novedoso tiene poco, y la corrida de la Cultura, o del Arte, o del Arte y la Cultura, tenemos lo de siempre. A lo mejor es que no hay más donde rascar y queremos algo imposible, que va a ser eso al final.

Por mucha presentación con canapé y gin tonic (a ratos, por lo que vi, en el límite de lo pelín hortera), al final nos han vendido un poco más de humo, y ajo, y agua.

Así que ya vamos pensando cuando tenemos que ir a renovar el abono, que para eso somos abonaos.

Y por si acaso no vaya a ser que al final viene el de Galapagar…

jueves, 26 de enero de 2017

Atarse los machos

Foto: Guillermo Legaria/AFP

No me considero especialmente pesimista, al contrario, tiendo a ver la botella siempre medio llena. 
Pero  creo que vivo cercano a la realidad, y observo…

Y lo que veo desde hace un tiempo en cuanto a lo que rodea a esta afición no me gusta. “No me gusta como caza la perrita”.

La hostilidad hacia los toros es cada día más evidente. Promovida desde donde sea (lobbies animalistas, partidos políticos, antisistemas, ecolojetas, ecolopijos, y demás fauna antitaurina) y amparada en claroscuros intereses, la caza del aficionado está servida.
La falta de respuesta de quien debería actuar con contundencia para diferenciar el terrorismo de la legítima protesta, salvo contadas excepciones, hace el resto.

El punto de inflexión será el primer altercado grave con resultados “traumáticos” que, visto el cariz que está tomando el asunto, tarde o temprano caerá. Ojalá me equivoque.
Y en este clima “prebélico”, me ha llamado mucho la atención el relato de Juan Carlos Muñoz-Collazos en su blog "Toros, literatura y más" en el que narra desde dentro, de forma sencilla y directa,  la vuelta de los toros a Bogotá

Durante la corrida, oíamos estruendos explosivos. Luego supimos que eran las “papas bomba” (típicas de las protestas universitarias en la Distrital, la Pedagógica y la Nacional), así como a las “bombas” lacrimógenas del ESMAD. Cuando terminó la corrida, un oficial de la policía advirtió a los aficionados por altavoz que debíamos salir por la Cra. 7ª quienes no tuviéramos transporte particular, y por la Cra. 5ª quienes hubieran llevado sus automóviles. Salimos por la 7ª.
Y allí comenzó el miedo. Al llegar al Centro Internacional, vimos un desfile de motos policiales llevando escuadrones del ESMAD para contener la violencia de los antitaurinos. Tuvimos que correr hacia el sur, pues se decía que desde el norte venían los defensores de la vida animal (¡!¡!) para agredirnos. Después, bajamos a la Cra. 13 en busca de transporte...

Aquí el relato completo

Vamos tomando nota?