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domingo, 13 de enero de 2013

La Pesadilla




Con algún esfuerzo conseguí subir hasta mi andanada y logré sentarme en el comodísimo asiento.
Menos mal que Angelito y Laura, mis nietos, me ayudaron a subir las empinadas escaleras.
Les conté que hacía muchos años, en Las Ventas cabíamos más de veintidós mil almas sentadas…pero incómodas. Ahora no llegábamos a los diez mil, pero a cambio los asientos eran muy cómodos y podías estirar las piernas a placer.
Como siempre, aún a riesgo de resultar pesado, intentaba contar a mis nietos cómo era la Fiesta que yo conocí, con la secreta esperanza de que algún día ellos la volvieran a vivir. ¡Qué iluso!

El cartel de la tarde era de los importantes de la temporada y había generado una gran expectación.
Un cartelazo con Alejandro Cargante, José María  Encinares, y Julián Rodriguez “El Rodri”, tres toreros de moda que me recordaban a  los que antaño conocimos como “los del gediez”. 
Mientras empezábamos a dar cuenta de  un enorme cubo de palomitas sintéticas y unas bebidas de color verde que extrañamente sabían a naranja, comenzó el paseíllo a los sones de una canción muy de moda cuyo nombre desconocía. Eso si, los jóvenes la coreaban perfectamente al unísono y daban palmas al compás.
Detrás de los toreros, con sus caros trajes de diseño, desfilaban los recortadores y las alegres animadoras. Ya no quedaba ni el recuerdo de los banderilleros, picadores, mulilleros, areneros…¡qué pesado eres, abuelo, eso era hace un taco de años…!

Tenía razón Angelito. Eché la mirada atrás y recordaba perfectamente como después de lo de Cataluña (entonces pertenecía a España, que a su vez era europea), y San Sebastián (que entonces todavía formaba parte del País Vasco) toda una avalancha de prohibiciones y trabas desembocó en aquel fatídico y ya muy lejano 2.016, en el que desapareció  la añorada suerte de varas, de muerte natural todo hay que decirlo. No en vano hacía ya muchos años que aquella suerte ya no se ejecutaba como mandaban los cánones.

Poco después, también recuerdo como si fuera hoy la fecha del decreto a pesar de los años que han pasado, el 19 de mayo de 2019  y ya inmersos en plena doctrina Disney, (en las películas de Disney los animales, incluido el toro Ferdinand, hablaban) se prohibió la muerte del toro en la plaza, y el tercio de muerte pasó a conocerse simplemente como “tercio de muleta”.

Y apenas un par de años antes  de nuestra ruptura con  Europa, nuestro gobierno de Bruselas prohibió el uso de las banderillas (garapullos, rehiletes, avivadores, palitroques), y tras un par de años de no saber muy bien qué hacer en ese tiempo muerto, y en vista de que los banderilleros ya no tenían sentido, la mayoría se  reconvirtió en recortadores y la coyuntura de la  Fiesta dio paso al “tercio de recortes”.

Absorto en la pesada charla que les estaba dando a las pobres criaturas, casi no reparamos en la salida del primer toro al ruedo, un bonito morlaco de capa azul celeste como los colores del patrocinador del evento, antes llamado “corrida”.
Para ser más exactos era azul celeste, bragado y meano añadí yo, aunque esta expresión le pareció muy grosera y de mal gusto a mi vecina de asiento, una joven con cara de loro y con el pelo también azul, casualmente.
A esos pitones les faltan cuatro dedos –pensé- pero eso era lo de menos, lo realmente llamativo era lo puntiagudo de su terminación, casi parecían lápices bien afilados…
La normativa actual obligaba a cortar entre tres y cinco  centímetros del pitón y afilar después hasta conseguir una terminación en astifina  punta.

Tras darse el burel unas vueltas por el ruedo, surgió del burladero de toreros (antes matadores) Alejandro Cargante, el torero (antes matador), quien con un enorme capote dio comienzo al “tercio de capotes” con una serie de “Morantinas” rematadas con una media “Juliana” de bonita factura.
Otra serie de “Manzanarinas” por el pitón izquierdo y una especie de galleo por Fandiñas pusieron el toro en suerte para la cuadrilla de recortadores,  quienes durante un buen rato dieron muestra de un amplio repertorio de saltos, recortes y quiebros hasta dejar al pobre animal exhausto, pero eso si, sin una gota de sangre a la vista por supuesto.

¡Qué bárbaros erais, abuelo!, me decía Laura ¿Y no os daba asco y pena ver al toro lleno de sangre? Es que la Fiesta era así, Laura. Sería muy largo de explicar, quizá otro día con más tiempo…

Antes de que comenzara el tercio de muleta, las animadoras saltaron al ruedo y, mientras el animal miraba embobado al burladero y parecía ajeno a las evoluciones de las jóvenes, ellas bailaban al ritmo de lo que me pareció adivinar como una versión electrónica y algo acelerada de “Amparito Roca”.

Empezó Cargante el tercio de muleta en lo que antes llamábamos la boca de riego con algo parecido a un estatuario. El toro, todo nobleza y sosería, iba y venía sin dar en ningún momento sensación de querer “echarle mano”. Ahora por la derecha, ahora por la izquierda, ahora de espaldas, de rodillas, por arriba, por abajo…La verdad es que Cargante hacía lo que quería con el obediente bicho, desatando el entusiasmo en los tendidos.
El último pase consistía en hacer entrar al bicho por donde salió, los toriles.

Una especie de molinete, un pase del desprecio y un desplante y el animal desapareció mansamente por donde había venido.
Los espectadores, enloquecidos con la vibrante faena,  fueron activando sus orejímetros y pulsando lo que les parecía justa recompensa. Yo, por indicación de mis nietos pulsé “dos orejas” que se reflejaron en el video-marcador sumando una aplastante mayoría del 78%.

Trofeos merecidos, opinaban los vecinos de tendido. Lo que no les gustaba es que yo les recordara que antes eran las orejas del toro lo que realmente se llevaban (¡que horror! ¡Qué ordinariez! ¡quee baaaarrbaroos!)

Justo cuando la guapa animadora ataviada con lo que más parecía un ancho cinturón que una corta minifalda, iba a hacer entrega de las dos orejas de cerámica de Talavera al diestro… sonó el despertador y me desperté…  asustado, casi temblando y bañado en sudor…

Ufff!! ¡qué alivio! ¿Habría sido sólo un sueño?

domingo, 5 de junio de 2011

El Orejímetro digital



Me cuentan que de forma inminente se va a publicar un Decreto-Ley que afectará profundamente al mundo taurino, introduciendo una revolución histórica en las corridas de toros.

Adelanto su contenido.

Real Decreto-Ley por el que se crea y regula el uso del mando transmisor de señales digitales para la petición de trofeos en los festejos taurinos.


Preámbulo.

Los festejos taurinos se encuentran actualmente situados en una encrucijada histórica en la que se hace preciso su adecuación urgente  a los tiempos actuales.
Es necesario por lo tanto adoptar nuevas tecnologías que permitan superar el actual estatus de espectáculo anclado en rancias tradiciones inaceptables en una sociedad desarrollada y moderna.

Consciente de la situación actual, el Gobierno de España, con el objeto de democratizar y modernizar el desarrollo de los festejos taurinos, ha considerado prioritaria la  implementación de  sistemas de participación popular vinculantes que permitan a la  presidencia del festejo ejercer su función, de acuerdo con el sentir expresado por  la mayoría de los asistentes independientemente de su sexo, condición social, estatura, edad, y grado de afición o conocimientos taurinos.

Tras un período de consultas a los diversos estamentos implicados, se ha acordado el diseño y creación de un mando a distancia que resolverá de manera definitiva los desacuerdos en la concesión de trofeos, estableciendo un sistema democrático y participativo mediante la emisión de un voto por cada espectador que dará lugar a un veredicto adoptado por mayoría simple, establecida ésta en la mitad de los asistentes mas uno.
De esta forma se pretende evitar las discusiones y el mal ambiente que generan las decisiones de la presidencia del festejo.


Disposición preliminar

Con el objeto de que el voto emitido sea libre y meditado, se establece un período de reflexión durante la lidia de cada res. Por tanto:

La lidia deberá transcurrir en absoluto silencio. Únicamente podrá hacerse oír alguna crítica, siempre en tono menor, al picador de turno. Durante el  resto de la lidia queda terminantemente prohibida cualquier manifestación de júbilo o desacuerdo, estando expresamente prohibidas las palmas de tango.

Se excluye de esta prohibición el sonido de los pasodobles de la banda cuando así sea demandado por algún espectador (a la voz de  ¡Mú-si-ca, Mú-si-ca, Mú-si-ca!) en las plazas donde sea costumbre.
Donde exista esa costumbre, los espectadores podrán acompañar el sonido de la música haciendo sonar sus palmas rítmicamente, sin que esto implique expresión de opinión con respecto a la lidia.

Artículo 1.

Los espectadores que acudan al festejo recibirán junto con la entrada un mando a distancia mediante el que podrán expresar su grado de satisfacción al finalizar la lidia de cada res.
El mando, de aspecto similar a los utilizados en el control a distancia  de aparatos electrónicos  tales como televisores o dispositivos de almacenamiento de imágenes (DVD), será desechable y biodegradable, evitando  así la acumulación de residuos sólidos contaminantes (como los antitaurinos) en el entorno de las plazas de toros.

Modus operandi:
En el momento en que sea demandado por la Presidencia, y en cualquier caso al finalizar la lidia de cada res y con anterioridad al arrastre del tiro de mulillas (donde lo hubiera) cada  espectador, bien con criterio propio o previa consulta a algún entendido en la materia que se halle cerca de su localidad (siempre hay alguno cerca) pulsará el botón del mando que mejor se ajuste a su grado de satisfacción o insatisfacción con la faena recién terminada.
Para ello deberá orientar el extremo del mando hacia la presidencia a la vez que pulsa alguno de los siguientes botones.

Artículo 2. Uso del mando durante la lidia.

Botón verde: Se pulsará antes de que finalice el segundo tercio, cuando a juicio del espectador, o de su asesor entendido cercano, la res deba ser devuelta al toril por presentar algún defecto, visible o no.

Botón blanco: Pulsado durante el tercio de varas significa el cambio inmediato de tercio.

Botón naranja: Petición de indulto a la res.
Cuando deba ser indultada por su excepcional bravura y entrega, aunque esto tampoco es demasiado importante. Obviamente, este botón sólo puede ser pulsado antes de que se dé muerte a la res.


Artículo 3. Uso del mando al finalizar la lidia.

Botón blanco: Pulsando una vez, significa petición de oreja,  pulsado dos veces significa petición de dos orejas, y pulsado tres veces significa petición de dos orejas y rabo. En todos los casos implica la vuelta al ruedo del matador.

Botón azul: Petición de vuelta al ruedo a la res.

Botón morado: Se empleará cuando se solicite la vuelta al ruedo del matador. Su uso es incompatible con el botón blanco.

Botón negro: Se pulsará cuando se quiera pitar al diestro. En función del porcentaje de votos emitidos, y cuando este supere el setenta y cinco por ciento, los pitos se  convertirán en bronca.

Artículo 4.

La presidencia contará con un receptor de señales que, de manera inmediata para no demorar el desarrollo de la lidia, captará y contabilizará todos los votos emitidos por los espectadores.
El resultado se mostrará al público en una pantalla situada a la derecha del Sr. Presidente, de manera que no será necesario mostrar ningún pañuelo indicativo.

El veredicto, democráticamente obtenido, será inapelable, con lo que no habrá lugar a protestas ni desacuerdos, acabando de esta forma con interminables discusiones inútiles en los tendidos.

Disposición derogatoria.

A partir del día siguiente a la entrada en vigor de esta normativa y por motivos de salubridad e higiene,  quedará terminantemente prohibida la utilización  del pañuelo como forma tradicional de petición de trofeos.





¿O lo habré soñado…?