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lunes, 12 de junio de 2017

San Isidro 2017. Algunos apuntes (y II)



Quien sigue este blog ya debe conocer mi mala memoria. Hay tantas tardes en la piedra venteña que pasan fugazmente que es bueno mirar atrás, sólo un poco, para ver qué encontramos en los apuntes de esta Feria.
Y encuentro poco.
Tras las primeras notas de resumen, apuntamos lo de Enrique Ponce, tanto su maestría como su abuso del fueracacho

El día 31 apuntamos un buen toro de Victoriano del Río, “Cojito” lidiado en quinto lugar por López Simón.
Y ese mismo día un gran puyazo de Tito Sandoval, al menos un pequeño oasis entre el desastre que hemos visto tarde tras tarde en el ya casi extinto tercio de varas.

Y de la de Cuadri anotamos el toro protestado sonoramente por “el 7”, para mí de manera injusta.
En ese tendido, tanto como en otros, junto con grandes aficionados entendidos y cabales se camuflan acomodados algunos “arrimaos” que piensan que la protesta poco reflexiva, inmediata y sonora a todo lo que se mueva les proporciona categoría y respeto. Nada más lejos de la realidad. 
También apuntamos ese día buenos pares de Fernando Sánchez.

También anoté… ¿Que es la mansedumbre escastada? ¿Se puede ser manso y atesorar en sus genes lo que los entendidos llaman fondo de casta, como si de un fondo de armario se tratara?
Pues rotundamente si.
Bastó ver alguno de los ejemplares de los hermanos Lozano en la corrida de Alcurrucén, y como muestra valga el tercero, “Licenciado”, creo recordar, errático y más raro que un perro verde de salida, se vino arriba y propició el 90% de la salida a hombros de Juan del Álamo. Por cierto, nada que reprochar al triunfo del salmantino, faltaría más, pero tengo que reconocer que a mí no me emocionó.

A veces me siento algo perdido entre un público que valora de manera entusiasta algo que a mí no me “transmite” por decirlo de alguna manera. Cuando no coincides con el criterio de veinte mil personas, y sólo encuentras consuelo en ¿500?, ¿1000?, es evidente que el que debe estar equivocado es uno mismo. Lo contrario sería atribuir la equivocación al ochenta o noventa por ciento del personal, y eso, además de pretencioso, no suele ser cierto.

Apunté la disposición y entrega de Paco Ureña en la de Victorino. Interesante corrida de las de no comer muchas pipas. Dos-tres toros bravos y buena ración de casta en general. Para no andarse con tonterías.
Dos buenas series al natural de Talavante. Probablemente excesivo el premio de la oreja por esa estocada defectuosa, pero vistas las orejas que llevábamos, para mi resultó merecida.
Reseñable Pastelero, lidiado en tercer lugar por Ureña como ejemplo del toro que nos gusta, bravo, encastado, fiero, que no perdona una, y ante el que no se puede monear.

A destacar muy por encima del tono general de la Feria la corrida en conjunto de Rehuelga.
Como no suelo colgarme medallas, por colgarme una he de decir que para mí, de antemano, era una de las “tapadas” del serial.
Extraordinaria corrida la de Rehuelga, entendiendo la palabra en su sentido literal, como fuera de lo común ante tanta vulgaridad. Muy destacables 3º, 5º (liebre) y 6º, por encima de los de luces.
Aunque algo fuera de tipo por hechuras y sobre todo por peso -de otra manera difícilmente lidiaría en Las Ventas- la verdad es que fue una tarde excepcional, de las que sale uno con el ánimo reconfortado y feliz.

Y para finalizar, y como lo tengo más reciente, de la de Miura poco que decir. 
Ya se sabe que una mala tarde la tiene cualquiera. Verdaderamente decepcionante.

Pero hay tantos criaflojos y ganaduros que deberían hacer reverencias y descubrirse ante la sola mención del nombre de “Miura”, que por respeto a la historia no merece la pena comentar nada.
Y cuando se vuelva a anunciar en los carteles volveremos con la ilusión intacta.

El resultado en conjunto ha sido una feria más, en la que no se ha notado el cambio de empresa, al menos así lo he visto yo, si no fuera por una cierta reducción de peso que bien pudiera ser coyuntural, o tal vez indicio de una nueva tendencia.

Ah, y en que han cambiado la cocacola por la Pepsi.


domingo, 2 de junio de 2013

La suerte existe. Las Ventas, 1 de junio


Foto: las-ventas.com

Y no me refiero a la que reparte la Diosa  Fortuna

O mejor debería decir que las Suertes existen, la de varas y la de banderillas.

En la tarde soñada como ideal que cada aficionado lleva en su mente las tardes de Feria a Las Ventas, al menos en mi caso, existen las suertes de varas y banderillas.
Y uno recuerda pasajes leídos, las más de las veces, y recuerdos vividos, las menos.

Y como quien transporta su almohadilla, llegaba yo ayer a Las Ventas con mi faena  soñada.
Un cartel de escaso claveleo pero de esos que ilusionan, baste ver el lleno que otras tardes no hemos contemplado.  

Al final de la tarde sigo creyendo en Fernando Robleño, que estuvo de verdad valiente aunque tras sus dos paseíllos en la Feria el bagaje es pobre,  y en el debe le pesa el dejarse sin torear un buen toro  de Escolar.
A Bolivar llevo demasiado tiempo sin verle torear, lo que no quiere decir que no le haya visto hacer el paseillo. También es verdad que tuvo el peor lote.
Y de los Cuadris sólo diré que me parecieron vulgares, poco “Cuadris”, y me decepcionaron salvo algún detalle. Puede que esperara demasiado de ellos, no sé.

No he visto la faena soñada, habrá que seguir persiguiéndola porque nunca se sabe dónde puede esconderse, pero he comprobado que la suerte, la de varas, existe. Y que hay un tercio que se llama de banderillas.
Sólo hace falta mezclar un matador y una cuadrilla que conozcan la lidia, y un toro que al menos colabore, que no es poco.  
Y como existe la suerte, hacía falta alguien que la ejecutara magistralmente y la mostrara a los incrédulos.
No es el tercio de varas de pega, simulado, aburrido, que tan pronto se pasa como no llega, en el que se pica trasero tarde si y tarde también, que mas que ahormar masacra, no, es aquel en el que el picador torea con el caballo.  
Que fácil parece y que difícil es contemplarlo.
Y un tercio de banderillas auténtico, sin alharacas, saltos ni torsiones imposibles.

Castaño es un torero inteligente y generoso, muy generoso con su cuadrilla, con el toro y con el público.
Inteligente porque sabe que la lidia la componen tres tercios, y si los dos primeros resultan brillantes, el aficionado afronta el último tercio bien dispuesto y con la moral alta, y eso repercute sin duda en él.
Y generoso porque luce a su cuadrilla, luce al toro, y nos permite ver una lidia total.
  
Es evidente que, no lo vamos a descubrir a estas alturas, muestra algunas carencias, seguramente subsanables, pero su apuesta, su entrega, su generosidad, y su valor, son desde luego absolutamente dignas de apreciar y de aplaudir.

Una cuadrilla verdaderamente de lujo, con un Tito Sandoval que conoce la suerte y la ejecuta de forma extraordinariamente auténtica, un Marco Galán impecable siempre en la brega, lidiando como se debería hacer cada tarde.
Y David Adalid y el tercero, Fernando Sánchez, muy grandes con las banderillas, clásicos, de verdad, sin excesos, ni saltos circenses.
En definitiva un auténtico lujo que nos devuelve la satisfacción después de tantas tardes anodinas, salvo muy honrosas excepciones,  capaces de quitar la afición al más pintado.
Por eso ayer aplaudí  la vuelta al ruedo de la cuadrilla de Javier Castaño. Seguramente hemos visto a esta misma cuadrilla momentos mejores, pero en los tendidos había ganas de agradecerles lo que hacen y cómo lo hacen, y era el momento.
Porque engrandecen la fiesta de los Toros.