lunes, 24 de enero de 2011

Toreros de Guadalajara (II)

Rafael González Villa, “Machaquito”



Nació en la taurina población de Brihuega en octubre de 1.921 y muy pronto se trasladó a vivir a Madrid. Debutó como novillero en 1.941.

No confundir con Rafael González Madrid, “Machaquito”, nacido en Córdoba,  de quien tomó su apodo, y que fue uno de los Califas del toreo (Lagartijo, Guerrita, Machaquito y Manolete…a los que se añadió a Manuel Benitez),  figura de la tauromaquia de fin del XIX y  primeros años del siglo XX, y quien dio la alternativa a Juan Belmonte.

Volviendo con el Alcarreño, en 1.944 sufrió una grave cogida en Las Ventas de similares características a la que le costaría la vida años después  a Manolete. En esta ocasión, la enfermería de la plaza madrileña resultó providencial.
En 1.945 cruza el charco y comienza una exitosa carrera en Hispanoamérica, que le llevará como novillero por las principales plazas de Mexico, Colombia, Perú, Venezuela y Ecuador.
Tomó la alternativa en Bogotá (Colombia) el 19 de octubre de 1.949 de manos de Francisco Lara, continuando como matador los triunfos que cosechó como novillero en el continente Americano.
Se trasladó a vivir a La Paz  (Bolivia) en 1952, donde residió ya hasta su muerte en 1.999 tras haber abandonado los ruedos en 1.973.
Poco conocido en España, el Briocense fue una figura del toreo en Hispanoamérica, y más aún en Bolivia, donde alcanzó gran prestigio en el mundillo artístico y cultural del país andino. 


Emilio Esteban



Nacido en la localidad serrana de Peralejos de las Truchas en junio de 1.946, a los seis años, como tantos otros habitantes de estas duras tierras emigra con su familia a Cataluña, afincándose en Manresa, donde fue alumno de la Escuela Taurina de la Peña Manresana.
Tras sus primeros éxitos en Cataluña como becerrista, se marcha a Jaén recorriendo la provincia de tentadero en tentadero, residiendo en la finca de la familia Sorando, ganaderos procedentes también de esta zona de Guadalajara.

Vuelve a Guadalajara donde trabaja en otra  ganadería de bravo (Sopeña), trabajo que compaginaba con sus actuaciones como novillero sin picadores.
Sin catar utreros, tiene anunciado dar el salto directamente para tomar la alternativa en Manresa con Jaime Ostos y Joaquín Bernadó,  pero la corrida se suspende en el último momento y la toma definitivamente el 16 de septiembre de 1.973 en Sant Boi de Llobregat de la mano de “Palmeño” y actuando como testigo César Morales.
Cuatro orejas y un rabo dan comienzo a una fugaz carrera que terminó con un prematuro retiro.



José María del Castillo, “El Alcarreño”

Nació en Peñalver en enero de 1.956, fue forjándose como “capa”,  becerrista  y novillero sin picadores en la provincia hasta tomar la alternativa en septiembre de 1.974 de la mano de  D. Santiago Martín, El Viti, y con Paquirri como testigo.

domingo, 16 de enero de 2011

Toreros de Guadalajara (I)



Guadalajara (España, debo aclarar, porque este blog tiene algún lector desde Jalisco) es una provincia con una enorme afición y tradición taurina. No hay pueblo por pequeño que sea que no destine una parte importante de su presupuesto festivo a la organización de capeas, concursos de recortes, encierros,  becerradas, y los más pudientes, novilladas o corridas de toros.

Curiosamente, a pesar de esta afición, si bien la nómina de recortadores, “capas”, becerristas,  y novilleros nacidos en la provincia es amplia, cuando buscamos toreros que dieron el salto de la alternativa, no llegamos a la decena.
Desde hace un par de años, en Guadalajara tiene su sede el CEART, Centro de Alto Rendimiento  para Toreros, creada por la Diputación Provincial, patrocinada por la Fundación Joselito y con el auspicio de la Escuela Taurina de Guadalajara.
El objetivo de este Centro es el de llegar  un paso más allá de las clásicas Escuelas Taurinas, aunque con lo del alto rendimiento se corre el riesgo de formar “profesionales” y no “toreros”, que a mi modo de ver, son dos conceptos que no siempre coinciden en el mundo taurino.
Aún así, con un nombre tan sonoro, es de esperar y desear que a medio plazo aporte interesantes resultados, aunque por el momento tampoco abunden los aspirantes alcarreños.

Tomando prestada la idea de Juan Moreno en su blog, y con documentación extraída, en gran parte, de la Enciclopedia Taurina de Guadalajara, de Juan Luis Francos, voy a hacer un resumen de aquellos toreros nacidos en la provincia que llegaron a tomar la alternativa.

Dejaré fuera a otros tantos que sin nacer en la provincia, se curtieron en sus plazas  como toreros, como es el caso de César Jiménez, Raúl Velasco o Iván Fandiño, por citar algunos.
Tampoco me voy a referir a los Rejoneadores, nacidos en Guadalajara como Deme Centenera o López Bayo, o afincados como Manuel Vidrié, Mariano Rojo o Miguel García.

Empezamos pues, y  por orden de antigüedad le corresponde abrir plaza a  

Julián Saiz, “Saleri II”

Sin duda el toreo que alcanzó la mayor proyección de entre los nacidos en Guadalajara.
Nació en Romanones, villa situada en plena Alcarria, el 19 de junio de 1890. Empezó a sonar como “capa”  con el nombre  de “Posadero” en los primeros años del siglo XX, tras dejar Romanones y trasladarse a Salamanca, pasando antes  una corta temporada por Madrid.
En Salamanca es  acogido y apoderado por Aniceto Ajo “Cuchareta”, y será allí donde adopte el nombre por el que sería reconocido, Saleri II.
En Mayo de 1913 debuta en Madrid, toreando ese año en 31 ocasiones la mayoría de ellas en plazas importantes.
En 1914 toma la alternativa en Madrid de manos de Vicente Pastor, apareciendo los años siguientes  en carteles de Madrid, Sevilla, Valencia, Bilbao o Barcelona, donde en febrero de 1916 hace el paseíllo en la corrida de inauguración, o más bien re-inauguración, de la Monumental, junto a Joselito (“Gallito”) y Francisco Posada.





En 1918  llega a torear en España en 72 ocasiones, llegando a ser el segundo en número por detrás de Joselito,  su amigo, que hizo el paseíllo 81 veces y con quien compartió cartel en 31 tardes de ese año.

A la vez que consolida su fama en América, es considerado por los críticos taurinos como uno de los mejores banderilleros del momento, y de la historia del toreo.


"Bravío" toro de Santa Coloma lidiado por Saleri II en Madrid  en 1.919

Transcribo un fragmento del opus 3 de Tierras Taurinas, dedicado al encaste Santa Coloma, en el que André Viard escribe sobre “Bravío”, lidiado por Saleri II en Madrid en 1919.

…Al entrar en su despacho, el Conde adopta un semblante severo. “Bravío” amerita solemnidad. Marcado con el número 70, después de que su ganadero obligó a los veterinarios a admitirlo en el lote que se iba a lidiar en Madrid el 11 de mayo de 1.919, bajo la amenaza de retirar el encierro completo, “Bravío”, de pelaje negro muy rizado, con seis años cumplidos, mas bien corto y bajo de tipo, dio muestras de una bravura demencial…la placa conmemorativa de cobre resume de manera lacónica sus proezas: seis varas, seis tumbos, seis caballos. “Uno de los toros más bravos de la historia”, dicen las crónicas de la época. “Desde que saltó al ruedo, Bravío demostró una bravura excepcional, arrancándose de largo hacía el caballo y empujándolo hasta las tablas…mostrando la misma bravura y la misma agresividad en los dos tercios siguientes.
Rebasado por ese torrente da casta noble, Saleri II, su matador, torero hábil y lleno de recursos, nunca pudo dominarlo y se hizo pitar. Acompañado por las ovaciones delirantes del público, el tiro de arrastre paseó el cadáver de Bravío en una vuelta a paso lento, el Conde fue llamado a saludar varias veces.
En los anales de la Fiesta, el recuerdo de Bravío se impone como el de uno de los toros más bravos lidiados en Madrid. Decir “Bravío” equivale a hablar de  bravura, de nobleza, y de un modelo de buena embestida, sin exceso de genio ni otra dificultad que su buena bravura, la cual no puede jamás ser considerada como excesiva en un toro de lidia…

En 1920 comienza su declive, probablemente afectado por la desaparición de su amigo Joselito, corneado mortalmente por Bailaor el 16 de mayo en la plaza de Talavera de la Reina.
Se retira de los ruedos en 1.928, dedicándose a partir de entonces  al mundo de los negocios taurinos, teatrales y circenses, que al final le llevan a  la ruina.

Es condenado a muerte durante la Guerra Civil, aunque finalmente salvó la vida gracias a la intervención de un antiguo peón de su cuadrilla, y sería años más tarde, en 1958, cuando muere siendo Director de la Escuela Taurina fundada por los Dominguín en la Plaza de Vista Alegre en Madrid.

Figura un tanto eclipsada en la historia de la Tauromaquia, al coincidir en  los años dorados del toreo junto a nombres como el citado Joselito, Rafael Gómez “El Gallo”, Juan Belmonte, Bombita, Rodolfo Gaona o Ignacio Sánchez Mejías, pero aún así ha pasado a la historia como uno de los grandes.

martes, 11 de enero de 2011

Más premios para Víctor Barrio



En el transcurso de su tradicional gala anual, la peña taurina "Victoriano de la Serna" hizo entrega del premio "Pase de las Flores" a Víctor Barrio como triunfador de la Feria de Sepúlveda.

Su presidente, Alonso Fernández, obsequió con una placa conmemorativa al matador de toros Victoriano de la Serna Ernst con motivo del cincuenta aniversario de su alternativa. A continuación, el propio homenajeado fue el encargado de entregar el premio "Pase de las Flores" al novillero Víctor Barrio.




La localidad madrileña de Arganda del Rey también ha reconocido la labor del novillero segoviano en su pasada feria taurina.

Barrio ha sido galardonado con el premio a la Faena más artística por su actuación del día 13 de septiembre frente a novillos de Guadaira. Barrio resultó cogido por su primero, recibiendo una cornada en la zona perianal de 10 centímetros. A pesar de ello decidió quedarse en la arena para continuar la lidia. Tras ser operado y ataviado con unos vaqueros, salió a torear a su segundo novillo.



domingo, 2 de enero de 2011

Francia 1- España 0 (Una vez más…)



Cuando todavía estamos hablando de fichajes y  no ha comenzado la pretemporada, me da a mí la impresión de que los aficionados franceses, una vez más,  nos han metido el primer gol.

Viendo las primeras noticias que llegan sobre algunas de las ferias más significativas de los vecinos galos, encontramos abundantes referencias interesantes.

En Vic-Fezensac, Partido de Resina, Cuadri, Flor de jara, Victorino, Escolar, Aguirre, Palha, y saltillos de Moreno Silva.

En Orthez, Veraguas de Aurelio Hernando, y Aguirres.

En Nimes, más Pabloromeros.

En Bayona, más Bucarés de Colmenar.

En Céret, mas Escolares y más Saltillos de Moreno Silva.

En Arlés, Hoyo de la Gitana.

En Dax, La Quinta y Ana Romero.

A falta de fijar aún bastantes cosas, es evidente que de momento nos ganan por 1-0.
En proporción al número de festejos en ferias de mayor nivel, a lo mejor acabamos en goleada de variedad de encastes teniendo en cuenta que allí son ferias cortas, y que por aquí hay que rebuscar mucho para encontrar esos nombres.

Además de convertirse en refugio de parte del  público catalán, me resultaría curioso que al final Francia vaya a ser sea la “Reserva Espiritual” del aficionado.

Envidia me dan…

Chapeau, vecinos!!!!

martes, 21 de diciembre de 2010

El truco del garapullo




Garapullos, rehiletes, palitroques, avivadores…en definitiva, banderillas. Y por extensión banderilleros.

Según la Real Academia de la Lengua Española, la banderilla, además de una tapa de aperitivo pinchada en un palillo, es el  Palo delgado de siete a ocho decímetros de largo, armado de una lengüeta de hierro en uno de sus extremos, y que, revestido de papel picado y adornado a veces con una banderita, usan los toreros para clavarlo en el cerviguillo de los toros.

Y el banderillero es el torero que pone banderillas, ya sea  al cuarteo, a la media vuelta, al sesgo, a la carrera, a trascuerno, al recorte o incluso a topa carnero, la mayoría de ellas suertes en desuso, todo hay que decirlo.

Dejando a un lado la práctica en su ejecución, en la que se confunde con demasiada frecuencia el cerviguillo con cualquier otra parte de la anatomía del animal (…hasta en el trasero las he visto…), el protagonismo en el tercio corresponde por lo general a los subalternos de la cuadrilla. Y a partir de ahí es donde surge la división de opiniones.
El matador, como maestro y jefe de la cuadrilla puede optar por ser él mismo el que tome los palitroques.
Vaya por delante que no estoy en absoluto en contra de que sea él quien ponga las banderillas, al contrario, pienso que una buena ejecución del tercio al fin y al cabo enriquece y adorna la faena.

Evidentemente, cualquier espada está capacitado para poner banderillas de forma más o menos artística, pero son los conocidos como toreros banderilleros los que suelen ejecutar la suerte provocando como digo la correspondiente división de opiniones.
Si cada plaza tiene su público y  cada público tiene sus  peculiaridades, es en el tercio de banderillas donde probablemente se observan las diferencias más curiosas.
Lo que en unas plazas es jaleado y festejado con gran alboroto y acompañamiento de palmas y música, pudiendo provocar la bronca si el aludido no se da por enterado, en otras al contrario la  descomunal bronca puede armarse en cuanto el maestro manda despejar el ruedo.

Ha habido y hay destacados integrantes de esta particular cofradía, en la que como en botica, los hay desde geniales a malos pasando por buenos y regulares,  pero en cualquier caso debemos reconocer que están en su perfecto derecho de asumir el protagonismo en este tercio de la lidia.

Lo que sucede a menudo es que a la vista del resultado, el espectador se dice a sí mismo, o se lo casca al vecino,  que pa eso se hubiera quedao donde estaba, pues además de restarle al subalterno su momento merecido de lucimiento (otras veces, no hay más que verlo,  es un “marrón” menos) lo que realmente ejecuta el maestro es el conocido “truco del garapullo”, genial término parido por el recordado Joaquín Vidal y que viene a cuento de aquellos toreros banderilleros que, jaleados o no por su público, toman los palitroques para ganarse a los tendidos, gradas y andanadas si las hubiera,  a base de aspaviento va y carrerita viene.

Y debemos reconocer que  el truco muchas veces funciona. Desatado el jolgorio en las gradas, y más cuando la terna en pleno es cofrade, la inercia aplaudidora se prolonga como quien no quiere la cosa al siguiente tercio, con lo que el truco da su resultado.

A mi particularmente que ejecute esta suerte el matador no me supone  ningún disgusto, al contrario, pero si bien es cierto que, a veces, se han visto grandes (enormes) pares de banderillas a cargo del maestro, no deja de ser menos verdad  que otras muchas es mejor que se hubieran quedado agarrados al olivo.

Pero al fin y al cabo debemos reconocer que están en su derecho…

Y dadas las fechas a las que nos acercamos, termino esta entrada aprovechando para felicitar las fiestas a los que pasan por aquí (a los “antis” también, claro, sobre todo a los que durante estos días comen cordero, cabrito, cochinillo, pavo…), con el deseo de que el próximo año sea siempre  mejor que este que ya se nos va marchando.

lunes, 13 de diciembre de 2010

De antitaurinos y otras hierbas (y VI). Sin difusión…¿no hay afición?





Es evidente que la corriente antitaurina gana posiciones cada día que pasa.
Y es relativamente sencillo convencer a un “indiferente” para que adopte una postura prohibicionista.
Basta  un montaje, una  presentación, o cualquier audiovisual  que fuera del contexto de una corrida de toros muestre imágenes sangrientas o de sufrimiento del animal para ganar algún adepto a la causa.

La desinformación y la falta de difusión de los espectáculos taurinos son el caldo de cultivo para que un indiferente pase a engrosar las filas del prohibicionismo militante.

Es difícil, y en algunos lugares prácticamente imposible, ver una corrida de toros por televisión. Y la televisión, y me refiero a los canales generalistas, es imprescindible para hacer llegar al público (a lo que llamamos “gran público”) el espectáculo taurino en toda su extensión, contrarrestando así la utilización sesgada de determinadas imágenes que, evidentemente, se producen en cualquier plaza de toros.

Quien contrata un canal de pago sabe lo que compra y lo que quiere ver, por eso se hace necesario que las televisiones comerciales o generalistas vuelvan a retransmitir espectáculos taurinos que potencialmente lleguen a cualquier rincón y por tanto a cualquier espectador.

Otra muestra de hipocresía e incongruencia de la situación actual es el  veto a la retransmisión de corridas de toros  en horarios de protección a la infancia. Es suficiente  dar una vuelta por la televisión en esos horarios supuestamente protegidos para ver toda clase de escenas violentas, telenovelas con argumentos imposibles de digerir, programas del corazón y demás vísceras en los que  personajes de difícil catalogación exponen sus miserias mientras se forran a costa del insulto y el cotilleo, lo que sin duda es un estupendo ejemplo para nuestros hijos que se encuentran así a salvo de contemplar en la pantalla la cruel  barbarie de las corridas de toros. Vivir para ver…

Si la gestión de una televisión privada es, como tal, privada, debemos reconocer que está en su legítimo derecho de programar lo que le resulte económicamente rentable o se ajuste a su línea editorial.

Sin embargo, podemos y debemos exigir a las televisiones públicas, y para eso entre otras cosas están sus órganos gestores, que den cobertura y difusión a espectáculos que forman parte de nuestra cultura y siguen contando con un elevado número de seguidores. Seguramente más que cualquiera de los espectáculos minoritarios que son informativamente mejor tratados que los taurinos.

Independientemente de la batalla que sin duda hay que librar en el terreno de las televisiones públicas, me desespera el inmovilismo y la falta de iniciativa  del mundo taurino más o menos oficial.
Gran parte de la culpa de estas y otras cuestiones que poco a poco van creando el estigma de persona cruel y violenta en quienes nos gusta la tauromaquia, la tiene el propio mundo taurino que, confiado en que una tradición secular y tan profundamente arraigada en nuestra cultura no puede estar en peligro de desaparición., no sabe, no contesta y no propone. Y esto en mi opinión es un gravísimo error.

¿Está el mundo de los toros, empresarios, ganaderos, toreros, público, aficionados…dispuesto a debatir con valentía posibles alternativas que en definitiva resten argumentos a las corrientes antitaurinas? ¿Cuáles? Sinceramente, no lo sé.

¿O es mejor la estrategia de atrincherarse hasta convertirse en especies en peligro de extinción confiando en que pase la tormenta?

¿Confiaremos únicamente en la transmisión de gustos y costumbres de padres a hijos como en la antigüedad?

¿Cuál es actualmente la edad media de los asistentes a una corrida de toros…?

Hay tantas preguntas que hacerse…

Desde luego, en la situación actual en la que no existen las corridas de toros en  la television pública nacional, no hay difusión, y solamente se habla de toros para mostrar imágenes fuera de contexto, muertos o heridos, estoy convencido de  que es cuestión de un par de generaciones, a lo sumo, para que veamos (vean) como la faena termina y nos dan la puntilla poniendo fin a una parte de nuestra cultura.

Y con esto doy por terminado (al menos de momento) este desvarío antitaurino que me he traído entre manos las últimas semanas, fragmentado en seis capítulos, seis.
Espero al menos que a algún visitante de esta bitácora le haya entretenido, informado, o al menos distraído de sus ocupaciones cotidianas.
Me consta que algún que otro “anti” se ha pasado por aquí a echar un vistazo al serial, y aún desconociendo su reata, encaste o procedencia, espero también que le haya servido para entender un punto de vista distinto al suyo, porque al fin y al cabo, ya sabemos que en esto de las opiniones ocurre como con los culos, que cada uno tiene el suyo.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Cine de Barrio



Hace unos años, cuando iba al cine,  no podía soportar  oír a alguien cerca de mí rumiando palomitas.
Ayer me sorprendí a mi mismo comiendo de  un inmenso cubo de palomitas que tenían mis criaturas mientras veía una película en una butaca tan cómoda que sólo le faltaba haber hablado y de paso haberme acercado las zapatillas. Vamos,  que ni las de mi salón.

Y esto a que viene aquí?
Pues que me asusté un poco, porque antes me consideraba casi un cinéfilo. Veía películas de los mas variados encastes y procedencias. Unas infumables, otras ininteligibles, aburridas, muchas a más no poder.
También las había interesantes, claro, e incluso algunas divertidas.
Pero nunca con palomitas…

Y ahí apoltronado, mientras, intentaba recordar  títulos de cine “auténtico”, como por ejemplo  “El árbol, el Alcalde y la Mediateca”, que no recuerdo si era iraní, turca o francesa. Un pestiño indigerible que había ganado nosecuantos premios de las más prestigiosas academias de cine europeas y venía avalada por exquisitos críticos.
O “El hombre herido” creo que se llamaba, esta si, francesa, en una tarde que a sugerencia de algún compañero decidimos cambiar las clases de zoología en la “Uni” por cine de culto. Infumable, indigesta e incomprensible. Y también muy premiada y con excelentes críticas.

Al salir ayer del cine, pensando en la última entrada de Enrique Martín en su blog  http://torosgradaseis.blogspot.com/2010/12/bendita-aficion.html, me dio por hacer comparaciones entre el mundo del cine y el de los toros. Y la verdad es que se asemejan bastante.

A pesar de los pesares, el mundo de los toros no existiría si no hubiera “cinéfilos” defensores de la pureza e integridad del arte cinematográfico  que gustan  del cine de autor, otros consumidores de películas en general sin importar su procedencia, algunos espectadores “de domingo” que devoran entretenido cine comercial, “raritos” del producto nacional…o incluso de cortometrajes, pero que, en definitiva, se alimentan unos a otros haciendo que gracias a todos ellos siga existiendo "el cine".

Si sólo se estrenaran películas del llamado cine de autor, tarde o temprano el cine se convertiría en un recuerdo del pasado.
No creo que el cine comercial, aún cargando a veces contra las esencias del séptimo arte, vaya a acabar destruyéndolo. Lo que se necesita es que las salas tengan una aceptable entrada para que los productores sigan poniendo la pasta, y actores y directores, cada uno en su estilo, sigan haciendo películas. Al fin y al cabo, aún siendo un arte, no deja de ser un negocio del que vive mucha gente.

Lo que es importante también es que cada cual elija el tipo de cine que le gusta consumir, más o menos íntegro, y que cuando vayamos a ver cine comercial sepamos lo que hemos ido a ver.
Nunca ha sido igual ir al cine del barrio (si, antes había cines en los barrios…) o del pueblo, que irse a la Gran Vía, por poner un ejemplo. No podremos entrar con las mismas pretensiones en uno o en otro, aunque al final, lo que vamos a ver es sólo cine.

En los toros, no sólo tiene que haber “Casablanca”, también tienen que existir “Torrente”, el “Landismo” o Robocop, el brazo fuerte de la Ley…pero eso si, si vamos a ver Casablanca, que no nos pongan “Vente a Alemania, Pepe” y encima por el mismo precio o más caro, porque entonces nos enfadaremos, y con razón.

Y mientras tanto, los aficionados sigamos defendiendo la ortodoxia y la seriedad en esto de los toros,  que lo cortés no quita lo valiente.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Carteles añejos. Collado Mediano



Como ya dije en alguna entrada anterior tengo tendencia a  tirar pocas cosas, y por tanto acumular muchas.

Esta vez le ha tocado el turno de repaso a los carteles taurinos de Collado Mediano (Madrid). Verlos una vez más supone encontrarse con nombres ahora  conocidos que fueron apareciendo por allí como novilleros y becerristas, generalmente alumnos de la Escuela de Tauromaquia de Madrid cuando ésta empezaba su andadura.

Unos han llegado muy alto, alguno llegó a la cima, otros se convirtieron en grandes toreros de plata, otros abandonaron sus carreras, otros siguieron ligados al mundo taurino como apoderados, empresarios, o incluso en la misma escuela como profesores.

Traigo aquí algunos de esos carteles en los que además de algunas figuras del momento que actuaban en festivales, aparecen nombres que se curtieron en las ferias de los pueblos, y ganaderías que no lidiarían en plazas de mayor categoría.

Nombres de grandes toreros de plata como Paco Villalta, Luis Carlos Aranda o Pedro Vicente Roldán, figuras del toreo como El Fundi, Joselito, Yiyo, Víctor Puerto, Eugenio de Mora, Bote, Sánchez Puerto...o José Tomás (el ya famoso becerrista, como reza el cartel...)
Importantísima la labor que generalmente con pocos medios y mucho esfuerzo, desde ayuntamientos y comisiones de fiestas en tantos pueblos como  Collado Mediano, se ha venido realizando a lo largo de los años en defensa y promoción de la afición taurina.

Pasado el tiempo, ver de nuevo estos carteles no deja de provocar una sonrisa, y a mi en particular me supone el recuerdo de algo más que un simple cartel de toros, pues significaban una parte más, a veces la fundamental, de “las fiestas de Collado”, de las que dicho sea de paso pienso seguir disfrutando mientras pueda.







miércoles, 24 de noviembre de 2010

De antitaurinos y otras hierbas (V). ¿Desaparecerá el toro de lidia?


Vaca de raza Morucha

Opiniones en uno y otro sentido. ¿La prohibición de las corridas de toros implicaría la desaparición del toro de lidia?

Dado que el asunto es extraordinariamente complejo, trataré de dar mi opinión y hacer una síntesis de las diferentes hipótesis y teorías que conozco sobre la cuestión, para situarnos en el tema sin complicarnos en exceso.
Dejando a un lado el origen del toro de lidia, procedente del Bos Taurus, que a su vez desciende del Uro, algunos autores consideran la fiereza y la agresividad como rasgos característicos de este primitivo antepasado, que fue domesticado y seleccionado a partir de los individuos que presentaban esa característica en menor medida, resultando mansos, dóciles y más aptos para su manejo. Según esto, el toro de lidia conservaría esos caracteres primitivos heredados de sus ancestros, y las razas carentes de bravura o mansas, serían las obtenidas mediante selección.
Otros autores consideran al contrario que en la especie bovina la fiereza es una anomalía genética presente en algunos individuos de los que mediante selección se llegaría a la raza de lidia.

En cualquier caso, el toro de lidia  es considerado como una raza bovina para algunos, como una sub-raza para otros o como una super-raza (o  un grupo genético diferenciado) para otros, entre los que me incluyo. En mi opinión las tres teorías tienen  argumentos razonables, si bien personalmente deduzco,  de lo poco que he leído sobre la materia, que deberíamos considerar al toro de lidia como una super-raza, meta-raza o un grupo genético perfectamente diferenciado.

Está científicamente demostrado que lo que podríamos llamar “distancia genética” existente entre individuos pertenecientes a distintos encastes de la raza de lidia (no necesariamente lejanos genéticamente) en muchos casos es mayor que la que existe entre individuos pertenecientes a diferentes razas tradicionalmente consideradas como tales.
Para oscurecer algo más el debate, tampoco hay una definición exacta en zoología que ponga a todos de acuerdo sobre lo que se considera como raza, por lo que el argumento antitaurino de que el toro de lidia no debe ser considerado como una raza en si misma, y que  por lo tanto la prohibición no supondría la extinción de una raza, es harto discutible, por no decir abiertamente que es falso.

Si nos atenemos al epígrafe dedicado al toro de lidia en la guía de razas autóctonas del Ministerio de Agricultura,  con estrictos criterios etnológicos no se podría considerar como una raza, ya que los caracteres y rasgos morfológicos aparecen mezclados y con marcada variabilidad entre unos individuos y otros, incluso el carácter común de la bravura tiene tan amplia gama de manifestaciones que dificulta alcanzar una fidelidad racial, no obstante, la raza de lidia es universalmente admitida como tal. Factores ambientales, zoológicos, sociológicos, culturales y artísticos han intervenido en la formación y moldeado de esta raza especial y diferente”.
También la Administración define los caracteres morfológicos que deben reunir los ejemplares de cada una de las consideradas como castas fundacionales del toro de lidia.

Es evidente que resulta  posible el cruce entre el toro de lidia y otras razas bovinas dando lugar a lo que en algunos lugares se denomina ganado “de media casta”, generalmente en el cruce con razas procedentes del tronco ibérico en la zona centro, o morucha, retinta, marismeña, etc, aunque cualquier combinación es viable incluso más allá de la primera generación.
Como decía al principio, existe la hipótesis de que el toro de lidia proviene de la selección de determinados caracteres genéticos de fiereza y agresividad (y de los que resultaría la bravura como la entendemos en la actualidad) de determinadas razas tradicionalmente criadas por su aptitud para la producción de carne.

Según esta teoría,  mediante la selección de aquellos ejemplares particularmente agresivos, se llegaría a la actualmente considerada como raza de lidia. El proceso inverso sería entonces teóricamente viable mediante una nueva selección de esa característica de agresividad y fiereza que, bien como anomalía genética o no, se da en muchas razas bovinas productoras de carne. Por lo tanto, según esta hipótesis, el toro bravo sería “recuperable” tras una hipotética desaparición a partir de ganado destinado a la producción de carne, si bien su bravura, con toda probabilidad, no sería igual a lo que hoy en día se considera como tal.
Desde ese punto de vista, hay autores que consideran al toro de lidia como una sub-raza de la raza bovina. A favor de esta teoría podemos tomar como ejemplo el hecho de que  muchas personas que observaran un ejemplar de razas como la  morucha, negra ibérica, negra andaluza, retinta, etc, tendrían verdaderas dificultades para distinguirlas visualmente de la raza de lidia, llegando a resultar imposible en muchos casos,  sobre todo tratándose de hembras o machos jóvenes.
Incluso en animales de estas y otras razas se encuentran anomalías genéticas en algunos individuos de manera que resultan especialmente agresivos.

Sin embargo, existe otra teoría que, partiendo prácticamente de los mismos razonamientos, considera al toro de lidia como una super-raza o un conjunto de razas, de acuerdo con sus características morfológicas diferenciables.
Resultan evidentes las diferencias morfológicas entre un ejemplar tipo de casta Navarra con, pongamos por ejemplo, un ejemplar de procedencia Santa Coloma-Buendía.
O los procedentes de casta Cabrera (Miura) con ejemplares de procedencia Vazqueña-Veragua, por poner solamente dos ejemplos de los muchos que nos podamos imaginar.

No solo son evidentes las diferencias en cuanto al fenotipo. Hoy en día es posible con un simple análisis de ADN, determinar casi con una probabilidad del 100% el encaste al que pertenece un ejemplar.
Se trata simplemente por lo tanto de un asunto de nomenclatura, ya que  lo que denominamos castas o incluso encastes, podrían ser  considerados perfectamente como razas, líneas, estirpes, o en definitiva, grupos genéticos.

En resumen, resulta muy arriesgado aventurar si la abolición de la Tauromaquia llevaría inexorablemente a la desaparición del toro de lidia.
De lo complejo del asunto, y a pesar de la postura oficial expresada por la actual Administración en el sentido de que la pervivencia de la raza estaría en cualquier caso garantizada, yo personalmente tengo algo más que dudas razonables de que esto sea así.
En  mi humilde opinión, la prohibición si traería consigo la desaparición a medio plazo de la raza de lidia, con la pérdida paulatina de su patrimonio genético.
La conservación de la raza de lidia requiere además entre otros aspectos  una dedicación económica que sería insostenible en ausencia de festejos taurinos.

La visión utópica dibujada por no pocos abolicionistas tras la desaparición de las corridas de toros, de una existencia  libre y salvaje del toro de lidia en dehesas convertidas poco menos que en reservas integrales, aparte de ser como digo utópica,  tiene tal carencia de fundamentos medianamente lógicos, que no merece mayor comentario que poner al descubierto su ignorancia en la materia y el desconocimiento de los procesos básicos que rigen  el funcionamiento de un ecosistema mantenido por la acción humana como es la dehesa.  
El elevado coste que habría que asumir para que esta quimera tuviera visos de realidad sería tan desorbitado que no sería entendible en ningún caso.

Que a partir de las razas de aptitud cárnica fuera posible en un futuro y mediante una complicada y costosísima selección, “crear” una raza de ganado agresivo o bravo, no tengo dudas de que eso fuera viable, pero en ningún caso es posible imaginar el resultado de esa “creación” en cuanto a que la raza resultante sea apta para la lidia.
Conceptos tradicionales como el trapío (ahora asimilado o sustituido por el fenotipo) o la casta (idem con el genotipo) dejarían de tener sentido en ese hipotético escenario de la re-creación de una nueva raza de ganado bravo.

Dejemos las cosas como están. Deberán ser los propios conservacionistas, entre los cuales también me incluyo, los que hagan el planteamiento de la más que probable desaparición del toro de lidia como raza (o super-raza) con sus caracteres morfológicos y genéticos actuales si prosperan los movimientos abolicionistas.

viernes, 19 de noviembre de 2010

Los Toros según Paquiro



Releyendo la Tauromaquia de Paquiro, se encuentra uno con cosas interesantes y  curiosas. En algunos momentos no parece que estés leyendo un tratado escrito en el año 1836, y si no fuera por el diferente lenguaje empleado, podría pasar perfectamente por ser una publicación actual.

Por si acaso alguien que ha llegado hasta aquí desconoce de que estoy hablando, aclaro que “Tauromaquia Completa, o sea el arte de torear en plaza tanto a pie como a caballo, escrita por el célebre lidiador Francisco Montes, y dispuesta y corregida escrupulosamente por el editor”, tal y como reza en la edición de 1.836, aún siendo menos conocido que El Arte de Torear de José Delgado (Pepe Illo) publicado en 1.796, es probablemente el tratado sobre Tauromaquia más consultado por aquellos que con posterioridad aportaron su conocimiento sobre el mundo taurino.
Francisco Montes fue, tras la desaparición de Pedro Romero, Costillares y Pepe Illo, la figura dominante en el toreo durante el segundo tercio del siglo XIX.

Entre las muchas cosas interesantes que escribió Paquiro, voy a transcribir en parte el capítulo dedicado a las diferentes clases de toros.
Según él, los toros pueden ser boyantes, revoltosos, que se ciñen, que ganan terreno, de sentido y abantos.

“Se llaman toros boyantes, francos, sencillos y claros aquellos que, siendo muy bravos, conservan la sencillez  propia suya, y, por consiguiente, puede decirse de ellos que son los que tienen más pronunciadas   las inclinaciones con que la naturaleza marcó su especie. Estos toros son los más a propósito para todas las suertes: van siempre por su terreno; siguen perfectamente el engaño, y las rematan con tanta sencillez y perfección y tan sin peligro del diestro, que parecen, más bien que una fiera, un animal doméstico enseñado por él.
Los toros revoltosos, que algunos distinguen de los celosos, siendo en realidad unos, son aquellos que,  iguales en todo a los boyantes, sólo se diferencian de ellos en que tienen más celo por coger los objetos y, por consiguiente, se revuelven mucho para buscarlos, sosteniéndose con fuerza sobre las manos en toda clase de suertes y siguiendo con la vista el engaño o el bulto que, sin saber cómo, se les huyó de la cabeza. Estos toros son también muy buenos de torear, como veremos cuando se hable de las suertes, siendo las que se hacen con ellos tanto mas lucidas cuanto muestran más bravura y celo por los objetos que los boyantes, y no dan lugar, como aquellos, a perder de vista que son fieras.
Se llaman toros que se ciñen aquellos que, aunque toman cumplidamente el engaño, se acercan mucho al cuerpo del diestro y casi le pisan su terreno. Estos toros deben torearse con algún más cuidado, principalmente en los pases de muleta; pero, sin embargo, tienen sus suertes muy lucidas y seguras.

Los toros que ganan terreno son aquellos que cuando están en la suerte empiezan a caminar hacia el diestro, ya cortándole el suyo, ya siguiendo el terreno de afuera. Estos toros tienen dos géneros que importa distinguir. El primero se ve en aquellos que desde la primera suerte empiezan a ganar terreno, y, por consiguiente, se conoce que es modo natural suyo de partir. El segundo se observa en los que empiezan a ganar terreno después de haber hecho con ellos varias veces las suertes; estos deben torearse con más cuidado que los otros, pues el ganar terreno lo hacen con malicia, en virtud de haber sido burlados de antemano; sin embargo, tienen suertes muy seguras, pero cuando se les junta el rematar en el bulto son los mas difíciles de torear.
Los toros de sentido son aquellos que distinguen al torero del engaño, y, por consiguiente, desprecian a éste, no lo siguen, y rematan siempre en el bulto; alguna vez toman el engaño, pero es por fuerza, y su remate en el cuerpo del torero; aunque es difícil lidiarlos, también tiene el arte recursos para ellos.

José Delgado, Hillo, en su Tauromaquia, pone otra clase de toros de sentido, compuesta por los que atienden a todo objeto, sin contraerse especialmente a los que los cita o llama, pero que en las suertes son claros; y aunque respeto su dictamen, sin embargo, en esto padeció una equivocación, pues esta propiedad la tienen unas veces los boyantes, muchas los revoltosos, algunas los que se ciñen, pocas los que ganan terreno y siempre los abantos, pero nunca los verdaderos toros de sentido, siendo además una contradicción visible poner como clase de toros de sentido, cuyo distintivo es la malicia en las suertes, unas reses que, según él mismo, son claras en ellas.

Se llaman toros abantos aquellos que son medrosos por naturaleza, y los hay de varias clases: unos  lo son tanto, que conforme ven al torero se salen huyendo, de modo que no es posible hacer suerte con ellos; otros hay que arrancan y antes de entrar en jurisdicción se arrancan con prontitud, saliéndose de la suerte, ya por el terreno de afuera, ya por el de adentro, y a veces por el que ocupa el diestro, lo cual es el efecto del miedo que tienen; pero sin embargo lo pueden arrollar en este contraste; otras veces estos toros arrancan con prontitud y cuando llegan a jurisdicción, y en el mismo momento en el que el diestro va a cargarles la suerte, se quedan cerniendo en el engaño hasta que se escupen fuera o lo toman. Hay otra especie de toros abantos de que algunos hacen clase aparte con el nombre de bravucones, que son lo menos medrosos de todos ellos, pero que parten muy poco, y alguna vez al tomar el engaño rebrincan, y otras se quedan en el centro sin formar suerte. No me parece que estos toros deban formar una clase aparte, pues no son otra cosa que una especie de los abantos; sin embargo, José Delgado los pone como distintos.
Estas clases de toros son las únicas que, por sus propiedades particulares, merecen mucha atención para conocerlos perfectamente y ejecutar las suertes con seguridad.

Sin embargo, me parece oportuno decir alguna cosa de los toros burriciegos(…)
Haremos pues tres clases: los de la primera, que son los que ven mucho de cerca y poco o nada de lejos, tienen la contra para torearse de que, siendo preciso para que vean al diestro citarlos siempre sobre corto, y advierten distintamente muy cerca  de si un objeto que casi no saben por dónde ha venido, arrancan con mucha codicia y ligereza (…)
Los de la segunda clase ven poco de cerca y mucho de lejos; son muy difíciles de torear, porque, como no distinguen bien, arrancan al bulto todo lo que tiene delante, y por lo regular buscan el cuerpo, como objeto mayor y que ven mejor.
Los de la tercera son lo que tanto de cerca como de lejos ven poco; tienen la ventaja que rara vez observan el viaje y siguen al diestro hasta rematar, y si no fuera porque son muy pesados en todas las suertes y se aploman con facilidad, serían los mejores burriciegos."